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La sexualidad adolescente en el nuevo milenio (parte 1)
Por Marcelo Luis Cao [1]
marceloluiscao@gmail.com
 

Las diversas configuraciones que fue adoptando la sexualidad adolescente dependieron para su producción y puesta en acto de los movimientos significantes que se llevaron a cabo al interior del imaginario social de cada época. No obstante, sus consecuentes modificaciones en los usos y costumbres de dicha sexualidad no pudieron ser expresados sino por cuenta y obra del accionar del imaginario adolescente de turno (Cao, M. 1997), en tanto éste último siempre operó como una caja de resonancias de las alteraciones que se produjeron en el ámbito del primero.
Es en este sentido que podemos afirmar que no hay modos de representar, de sentir, de pensar y de hacer que no tengan una raigambre social, cultural, e histórica. Por esta razón, las significaciones imaginarias sociales de cada época van a imponer su sello a dichos modos. Asimismo, estas significaciones van a incidir sobre el destino de las pulsiones al decidir sobre la forma y el contenido que en el psiquismo adquieran sus representantes: deseos, afectos y representaciones. Por tanto, cada época va a proponer para estos representantes una serie finita de caminos, la cual a la manera de un consenso social implícito permitirá dotar de cierta uniformidad a la dinámica societaria.
Ahora bien, para validar sus aseveraciones este enfoque transubjetivo requerirá de una serie de datos provenientes de las producciones culturales de la época, ya que a partir de ellos se podrá desentrañar cuales son aquellos movimientos significantes que influyen en la formación de los hábitos sexuales adolescentes. Para encarar dicha tarea optaremos por la cinematografía, una de las producciones culturales más penetrante y difundida a lo largo del último siglo.


Sex and the city

La cinematografía, al igual que otras producciones artísticas, opera de manera simultánea como receptora y transmisora de los valores e ideales que circulan en una cultura. Los recibe, en tanto se nutre de ellos, para poder plasmar en la estructura del guión la trama de sentidos que sostiene el relato fílmico. Asimismo, los trasmite moldeando de manera identificatoria la subjetividad, induciendo a incorporar estos nuevos modelos de pensamiento y acción. Asimismo, en este campo de inducciones queda incluida la filmografía publicitaria con su cada vez más sofisticada incitación a un consumo sin fronteras, basado también en una identificación icónica con sus protagonistas y situaciones.
Los filmes presentan, representan y trasmiten modelos, tal como lo demostrará esta pequeña recorrida. Empecemos por Verano del ’42, aquel film rodado por R. Mulligan en 1971, que describe las vacaciones de tres adolescentes en el marco de la Segunda Guerra Mundial. El nudo argumental narra el romance entre uno de ellos y una mujer cuyo esposo está en el frente. Mas el hilo conductor que los une es el de la iniciación sexual, para la cual se aprenden de memoria un libro sobre técnicas sexuales. Por esta razón, la tierna y graciosa escena donde los otros dos van a la playa a debutar con sendas chicas se corona cuando entre las dunas uno le susurra al otro su desconcierto, porque según la tabla de excitación que describe el libro él va por el número 8 y ella por el 15.
En Los soñadores, filmada en 2003, Bertolucci aborda la iniciación sexual ubicándola en un triángulo amoroso que se despliega en el marco del Mayo Francés. Allí un joven yanqui entabla amistad con una pareja de hermanos quienes lo invitan a vivir en su departamento mientras sus padres están ausentes. Como el invitado comparte su afición por el cine, los tres juegan a recrear escenas de películas clásicas mientras debaten ideas políticas. Entre tanto el invitado y la hermana terminan envueltos en una relación amorosa estimulada y obstaculizada por la presencia del hermano. El triángulo trazado ingresa en un huis clos, lugar hermético representado por el departamento, donde se produce una iniciación a través de juegos literarios y rituales eróticos. A diferencia del film anterior, éste muestra los efectos de la información y la liberalización de las costumbres en el marco del derrumbe de los valores sostenidos por la burguesía.
Lejos de los ecos de la revolución sexual y del cuestionamiento del statu quo, y antes del vaciamiento subjetivo a manos del posmodernismo filosófico y del neoliberalismo político-económico, la línea romántica retorna en el film Antes del amanecer, dirigida en 1995 por R. Linklater. Aquí un joven yanqui conoce a una francesita a bordo de un tren que marcha hacia Viena. Allí él la convence de pasar un día juntos. En el curso de esas 24 horas se conocerán a fondo, con sexo nocturno en el parque y promesa de reencuentro incluida. El modelo en juego es el del encuentro vivencial entre dos subjetividades, cuyo intercambio de afinidades y diferencias permite construir un espacio imaginario-simbólico donde plasmar una relación sexual y eventualmente un lazo amoroso.
También en 1995, pero a años luz de la anterior por la patética densidad de su temática, Larry Clark estrena Kids. La película retrata un día en la vida de un grupo de adolescentes neoyorquinos sumergidos en el alcohol, las drogas y el sexo en el marco de relaciones vacías e indiscriminadas. Este film nos arrastra al corazón de las tinieblas de la década del ’90, ya que refleja como un sector de la juventud vive su despertar sexual con la presencia estelar del SIDA y la flagrante ausencia de los adultos. El guión se centra en un joven de 17 años quien cree protegerse tanto del SIDA como del embarazo acostándose con chicas vírgenes. El giro paradójico del film surge cuando una de sus conquistas descubre que es portadora del virus y que fue él quien se lo trasmitió.
Fue durante esta misma década que comenzaron a recalar en la filmografía que abarca o incluye la problemática adolescente las respectivas versiones homosexuales. En 1998 se estrena Descubriendo el amor (Fucking Åmål), del sueco L. Moodysson. Este film muestra como se despliega una relación amorosa entre dos alumnas del secundario en el contexto de los prejuicios y la falta de contención de los adultos de un pequeño pueblo (Åmål). En cambio, en Happy together, filmada por el hongkonés W. Kar-Wai en 1997, lo que se muestra es la relación tormentosa de una pareja gay que viaja para conocer las cataratas del Iguazú.
Estrenada en 2007, La joven vida de Juno es un film dirigido por J. Reitman, donde detrás de una sutil idealización del embarazo adolescente se filtra un alegato antiaborto. A sus 16 años Juno descubre que está embarazada de su amigovio, y aunque inicialmente decide abortar luego opta por la adopción. Toma esta decisión apoyada en el discurso pro-vida de una amiga, ya que el amigovio se esfuma y su familia no logra apuntalarla. El film refleja la inconsistencia adulta a la hora de contener a los jóvenes, apelando a una edulcorada y pasiva cesión de responsabilidades. Es por ello que Juno imposta un rol maduro cuando debe enfrentar una situación que la desborda, tal como se refleja cuando se quiebra frente a tanta presión. Paradójicamente, la exaltación de la heroína solitaria tan cara a la filmografía de Hollywood, nos vuelve a enfrentar con la ausencia de los adultos en la problemática adolescente actual.
En Paranoid Park, película dirigida por Gus Van Sant en 2007, un adolescente descubre un circuito marginal para skaters que lo llevará a una exploración tan inesperada como fatal. Un guardia que lo descubre jugando en un tren de carga muere luego de un forcejeo, a partir de allí su vida adquirirá un clima oprimente. Sin embargo, antes del incidente el divorcio de sus padres ya había perturbado el curso de sus intereses vitales. El vínculo con una chica, que lo presionará para dejar atrás su virginidad y salir de inmediato a contárselo a sus amigas, se diluirá tras su resistencia a formalizar. Así, el sexo adquirirá para ambos un valor de cambio tan diferente que los alejará de un encuentro significativo.
Este breve recorrido fílmico ilustra algunos de los modelos en los que abrevan los adolescentes frente a la problemática sexual. Las modificaciones acaecidas en ellos a lo largo de las últimas décadas dan cuenta de los profundos cambios culturales que aparejaron el ideario posmoderno y la restauración del neoliberalismo como credos seculares. No obstante, esta no es ni ha sido su única fuente, ya que a la hora de obtener información además de las versiones fílmicas cuentan con la pornografía gráfica, el pornosoft que arrecia por cable y con el gran protagonista, la red de redes, Internet.


En compañía del miedo

El abordaje de la sexualidad genital desata una serie de vicisitudes en el registro narcisista adolescente. Esta serie se articula de acuerdo a la significación que se lleve a cabo en torno de las vivencias experimentadas (satisfacción o insatisfacción, éxito o fracaso, etc.), y de sus consecuencias prácticas (desenvoltura o inhibición, evitación o compulsión, etc.). De este modo, la sinergia que se desprenda de la combinación entre vivencia y accionar va a delinear los diversos posicionamientos subjetivos que irán adoptando los adolescentes en ocasión de este nuevo suceso.
Asomarse al mundo de las prácticas sexuales que incluyen a otro en calidad de partenaire pone sobre el tapete las condiciones en que se encuentra el equilibrio de la autoestima. Sabemos que ésta se constituye en ocasión de los sucesivos encuentros con los otros del vínculo, encuentros donde se pondrá en juego la función apuntalante y acompañante de los mismos (Cao, M. 2009). Por esta razón el encuentro con el partenaire puede devenir en una ocasión para la reafirmación o el incremento de la autoestima, así como para su temido drenaje.
Es que para el registro narcisista el encuentro con el partenaire de turno va a deparar una serie de riesgos en la medida que se encuentra en juego un conjunto de sanciones personales, familiares y sociales. Estas sanciones van a contribuir en la construcción de un montaje identitario que determinará a futuro el accionar del sujeto en el territorio de la sexualidad. Así, las categorías fantasmáticas de seductor y potente pueden acechar el desempeño del varón a la hora de poner a prueba sus deseos y recursos, tanto en el momento de la conquista como en el de proveer gratificación al partenaire. Igualmente, los fantasmas de ser atractiva, valorada y querida ponen sitio a la autoestima femenina, que se debatirá entre las dudas que aquejan tanto a su imagen como a su desempeño.
En consecuencia, los miedos e inseguridades que generan las diversas exploraciones sexuales van a ser bloqueados por el uso de drogas. La marihuana y el alcohol suelen tomar la delantera, pero las llamadas drogas duras no están ausentes. Su utilización de manera indiscriminada genera un efecto deletéreo para la vida anímica de los adolescentes. Ya porque la anestesia o la inconciencia que promueven las primeras les quitan presencia a sus actos a la hora de disfrutarlos o sufrirlos, ya porque en su reverso maníaco las segundas los llevan a un frenesí artificial que también erosiona la subjetividad.
De este modo, el consumo defensivo de estas sustancias conlleva una banalización del encuentro con el otro, minimizando así el impacto de lo diferente y de lo ajeno. Una vez más recalamos frente al mismo escenario: el desafío más riesgoso es el acceso a la intimidad del vínculo. Veamos un par de viñetas clínicas.
Esteban se queja de que a sus 18 años todavía es virgen. Sus intentos no dan frutos porque lo tortura la fantasía de una falta de erección. Sin embargo, esta fantasía encubre un miedo aún mayor: que se quede sin recursos cuando se encuentre con su partenaire. Cree, entonces, que no podrá hablar porque no se le va a ocurrir nada, y que no podrá actuar porque no va a saber cómo hacerlo. Para paliar estos miedos se alcoholiza hasta anular el miedo, pero con la consiguiente y paradójica pérdida de reflejos y… ¡de recursos!
En este traumático círculo vicioso logra abordar a chicas que responden interesadas, pero cuando llega la hora de la verdad sucede algo que lo frena. Ese freno, según él, se dispara cuando siente que pierde la erección. Desde luego, ningún argumento lo convence de tomárselo con calma, de solicitar ayuda, y/o de retomar el juego amoroso. Para Esteban el humillante fracaso ha golpeado una vez más su puerta.
Sin embargo, hay algo más que se pone en juego y que a sus emociones les cuesta manejar. Alguna de estas chicas le propone una vinculación que sobreviva más allá de ese único encuentro, quitándole así el tinte de una descarga puntual y anónima. Es ahí cuando su discurso defensivo lo hace dudar: no sabe si la chica le gusta o no. Entonces, ¿será que no se le para porque la elige aunque no le gusta, o elige a la que no le gusta para que no se le pare? Aquí hace su aparición estelar otro fantasma: las chicas que le gustan no le van a dar bola.
Así, mientras todas las salidas parecen clausuradas, sufre por su exclusión de la genitalidad y su autoestima se hunde en las arenas movedizas de la impotencia y del autorreproche. No obstante, cada vez que despejamos estos nubarrones y ahondamos en sus emociones, termina aceptando su temor a vincularse por falta de recursos a la hora de mantener no sólo la erección sino también el interés del partenaire.
Carla, por su parte, aparenta estar en las antípodas de Esteban. Con sus 16 años recién cumplidos detenta un prontuario sexual frondoso para su corta edad. Debutó a los 13 con un compañero al que vivía estampillada. A los 15 conoció el amor, pero le no duró mucho porque a los ocho meses él la dejó. A partir de ese momento no se privó de “comerse a un pibe” que le gustara.
Carla se muestra sin prejuicios a la hora de relacionarse con el otro sexo. Sin embargo, cuando ahondamos en su interior confiesa que no disfruta con cualquiera, que para gozar tiene que sentir algo por su partenaire. De hecho, recién accedió al orgasmo cuando empezó a salir con su gran amor. Por esta razón, detrás del desprejuicio con el que se presenta e intenta sostener su autoestima, se esconde una vulnerabilidad que huye de los embates del sufrimiento amoroso. Aquel abandono no hizo más que remachar una historia familiar de fallas, tanto en el apuntalamiento como en el acompañamiento que hubiera necesitado.

 
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Notas y Referencias
 

[1] Licenciado en Psicología. Miembro Activo de la Asociación Argentina de Psicología y Psicoterapia de Grupo (A.A.P.P.G.). Autor de los libros Planeta Adolescente y La Condición Adolescente.

 
Bibliografía
 
Cao, Marcelo Luis (1997): Planeta adolescente. Cartografía psicoanalítica para una exploración cultural. Edición del autor. Buenos Aires, 1997.
Cao, Marcelo Luis (2009): La condición adolescente. Replanteo intersubjetivo para una psicoterapia psicoanalítica. Edición del autor. Buenos Aires, 2009.
Castoriadis, Cornelius (1975): La institución imaginaria de la sociedad. Tusquets. Barcelona, 1989.
Castoriadis, Cornelius (1996): El avance de la insignificancia. Editorial Universitaria de Buenos Aires. Buenos Aires, 1997.
Ferrari, Teresita (2009): Chicas Caras. Ed. Atlántida. Buenos Aires, 2009.
Freud, Sigmund (1905): “Tres ensayos de teoría sexual”. Obras Completas. Tomo VII. Amorrortu. Buenos Aires, 1978.
Freud, Sigmund (1914): “Introducción del narcisismo”. Obras Completas, Tomo XIV. Amorrortu. Buenos Aires, 1979.
Freud, Sigmund (1933): “Nuevas conferencias de introducción al psicoanálisis”. Obras Completas, Tomo XXII. Amorrortu. Buenos Aires, 1979.
Hornstein, Luis (2000): Narcisismo. Autoestima, identidad, alteridad. Paidós. Buenos Aires, 2000.
Kaës, René (1993): El grupo y el sujeto del grupo. Amorrortu. Buenos Aires, 1995.
 
 
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