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Edward Hopper, Sunday, 1926.
Edward Hopper, Sunday, 1926.
Imagen obtenida de: https://www.wikiart.org/en/edward-hopper/sunday
Ataques de pánico: lo actual y la actualidad
Por Yago Franco
yagofranco@elpsicoanalitico.com.ar
 

El aparato psíquico freudiano existe, cobra vida, gracias a la  pulsión, energía que habita en ese espacio indecidible entre el soma y la psique. Para ingresar a ésta lo hace a través de sus representantes-representativos: la representación y el afecto, creados a partir de la figurabilidad psíquica. La figurabilidad psíquica es la psique misma: capacidad de crear figuras. La pulsión –empujando a sus embajadores- se abre camino en la psique creándose en el encuentro con estas vías colaterales, que a su vez responden a otra característica fundamental de la psique: la puesta en relación (Aulagnier), que es puesta en sentido. Esta será en su origen pictográfica, fantasmática luego, discursiva finalmente. Los procesos originario, primario y secundario son lo que les corresponde a cada una de esas modalidades de figurabilidad. Eros hará que esas vías colaterales se multipliquen y se complejicen. Cada vez más figurabilidad y puesta en relación. Esa puesta en relación es, a nivel del proceso secundario, ordenada de acuerdo al régimen simbólico imperante. Y es fundamento de la sublimación: es decir, de derivación de la pulsión por fuera de la fuente en la cual se origina, hacia finalidades y objetos alejados de la misma. Así, la pulsión tendrá diversos destinos: la represión es otro de ellos, la vuelta contra sí mismo, la ya mencionada sublimación, la transformación en lo contrario. Todo lo cual tiene lugar gracias a la presencia pulsante y simbolizante del otro prehistórico e inolvidable, en un estado de encuentro, boca-pecho originariamente. Esta presencia es fundamental: las fallas de ese otro pueden llevar al infans al marasmo (Spitz), a la psicosis, al autismo o a los cuadros borderline (debido a la intrusividad o abandono del objeto según ha sostenido A. Green), dependiendo de una gradación en esa falla, también a la capacidad o no del infans de metabolización de la misma.

Breve introducción a la cuestión del registro económico del psiquismo -que ocupó siempre un lugar relevante en la teorización freudiana- que de inicio muestra su presencia en la clínica en las denominadas por Freud como neurosis actuales. Manifestación psíquica de la pulsión, la libido encontraba un tope para su descarga a través de la sexualidad, dando origen a las neurosis actuales. Estasis libidinal, estancamiento: así era denominada por Freud esta circunstancia.

En los orígenes de su obra Freud diferenció entre dos maneras de patología psíquica: las psiconeurosis –tratables psicoanalíticamente respondiendo a significados promovidos por la travesía edípica de los sujetos, la represión patológica debido a la presión superyoica y los ideales, etc.- y las neurosis actuales, que obedecían a la imposibilidad o falla de descarga libidinal. Si en las primeras la pulsión conseguía ser ligada en la formación de síntomas (se figuraba en ellos) y la angustia promovida estaba relacionada con la angustia de castración y entraba dentro de la posibilidad de la interpretación, en el caso de las neurosis actuales las cantidades no conseguían ser ligadas y daban lugar a cuadros como la neurosis de angustia, la neurastenia, la hipocondría: retomando lo expresado al inicio: estas manifestaban el fracaso de los mecanismos de figurabilidad y puesta en relación, no guardando significación alguna.


Las neurosis actuales y la sociedad de Freud

Sostenía Freud que en el núcleo de toda psiconeurosis habitaba una neurosis actual debido a la imposibilidad de descarga sexual. Esto era consecuencia de la neurosis misma, pero también ocurría por demandas de renuncia excesivas de la sociedad de su época. Freud le daba un lugar fundamental a ésta en el surgimiento de ambas neurosis (ver La moral sexual cultura y la nerviosidad moderna): sostenía que si fuera menos exigente con la demanda de renuncias para con los sujetos, habría menos neurosis. Si el psicoanálisis permitiría a éstos pasar de la miseria neurótica al infortunio común, al mismo tiempo Freud abogaba por una sociedad que no alimentara más el superyó de los sujetos con exigencias desmesuradas favoreciendo así el sufrimiento psíquico y la extensión de las neurosis. No es que esto último suprimiera el malestar ocasionado por la vida en sociedad ni la existencia de las neurosis, sino que de esa manera se reduciría eso que Marcuse denominaría años más tarde represión sobrante, es decir, un agregado al padecimiento neurótico producto de los imperativos sociales, y a veces hasta llegando a la producción misma de patología psíquica. Algo que iba más allá de las renuncias necesarias para la vida en sociedad. Para Freud era como si el infortunio de su época excediera al esperable como común: había un exceso, un agregado, algo que sobraba… Por lo tanto, algo que podría ser evitado. En el final de este desarrollo volveré sobre este punto.


Neurosis actuales y pulsión de muerte

Freud no se conformó con sus primeras elucidaciones respecto de las neurosis actuales. Sin abandonarlas por completo, las fue complejizando. Hacia 1925 (en Inhibición, síntoma y angustia) modifica/complejiza su perspectiva: siguiendo su elucidación alrededor de las neurosis de guerra y la compulsión a repetir hechos dolorosos, serán las cantidades que recaen sobre el Yo (Je) y que las hace inelaborables (como señalé: sin posibilidad ser figuradas ni de entrar en la puesta en relación) poniendo en jaque a dicha instancia, las causantes de un estado de desvalimiento similar al del infans. Allí sostenía que:

“No es descartable que en caso de abstinencia, de perturbación abusiva del decurso de la excitación sexual, de desviación de esta de su procesamiento psíquico, se genere directamente angustia a partir de libido, vale decir, se establezca aquel estado de desvalimiento del yo –similar al del trauma de nacimiento (agregado mío)- frente a una tensión hipertrófica de la necesidad, estado que, como en el nacimiento, desemboque en un desarrollo de angustia”.  

Es decir, el Yo no logra generar vías colaterales (puesta en sentido, o en relación), se ve arrasado como instancia, e irrumpe la angustia automática, ya no la de castración. Deja de cumplir su función de ligadura, función fundamental, básica. No se tratará ya exclusivamente del caso de una sobrecarga libidinal por falta de descarga, sino de cantidades no cualificadas que irrumpen en la psique, no consiguiendo generar por lo tanto vías colaterales ni puesta en relación. No se produce una formación sintomática, por lo tanto de algo que se encuentre dentro del campo de sentido: no es interpretable. El siguiente paso de Freud fue sostener que esa pulsión no ligada es pulsión de muerte: lo actual quedará así relacionado a tánatos. Ya no se trata de una dificultad en que el sujeto siga los caminos del principio del placer, sino que habría otro principio, anterior al mismo, que está más allá de éste.


Lo actual, lo borderline y el Yo

La cuestión de la cantidad y de la no formación sintomática ha venido ganando terreno en la clínica a lo largo de las últimas décadas. Así, lo actual, -como he señalado, esa irrupción de cantidad, es decir de pulsión que no encuentra figuras psíquicas para expresarse y que por lo tanto no ingresa en la lógica de la puesta en relación- es lo que se va a hacer presente en los cuadros psicosomáticos, las adicciones, la predominancia del acto, las anorexias y bulimias, etc. que serían herederos de las neurosis actuales -ocupando el lugar que aquéllas ocuparon para Freud- en términos de la expresión de pulsiones que no hallan representantes en la psique, por lo tanto generando un quantum pulsional que no logra ser ligado por el Yo. Green consideró a estos cuadros como pertenecientes a lo borderline.

Pero mi referencia a lo borderline tiene que ver con la producción de fallas en las fronteras psíquicas que hacen a su estructuración, fronteras o bordes dentro de la tópica y de ésta con la realidad; y en el caso de los ataques de pánico –de los que pasaré a ocuparme a continuación-, el desvanecimiento momentáneo de las mismas.
Lo que voy a sostener es que en el núcleo de lo borderline habita lo actual: la cantidad no ligada, pulsión de muerte. Ocurre lo mismo que con las psiconeurosis en cuyo núcleo habitaba una neurosis actual, pero en este caso se trata de una psique con bordes frágiles entre sus instancias, entre el proceso primario y el Yo, y entre el Yo y la realidad. Pienso que en la serie planteada por Green corresponde incluir los llamados ataques de pánico, pero como algo que puede producirse tanto en un cuadro borderline como en las neurosis. Que hablan de la desestructuración momentánea de la tópica psíquica. Cuadro acompañado de angustia automática y estado de desvalimiento y desamparo, en el cual lo que se produce es un fading del Yo.


Ataques de pánico, lo actual, el Yo como sede del pánico

Los ataques de pánico están relacionados con la dificultad en la ligadura de la pulsión, produciendo ese estado que Freud describió para el origen de la vida del infans: Hilflosigkeit: desamparo [1]. Debe entenderse como un momento de fading del Yo (Je), de sus fronteras tanto en relación al cuerpo (con la aparición de lo hipocondríaco como una incrementada percepción de lo corporal), al proceso primario, como en relación al mundo (agorafobia).La cuestión de la agorafobia debe ser entendida como algo más bien descriptivo, porque no aparecen fantasmas edípicos/de castración. Es un cuadro que suele estar acompañado de la sensación de muerte inminente: lo cual es entendible como muerte del Yo. Es por esta razón que debe considerarse que el Yo es la sede del pánico. Por otra parte debe ser considerado como un accidente simbólico del sujeto –es decir, una suspensión de sus coordenadas simbólicas, ese tejido representacional que hace al sentido-, quien cae en un sin sentido, se le interrumpe el mismo. Todo a causa de irrupción pulsional no ligable. Puede aparecer en algunos sujetos que- sin ser psicóticos- presentan una falla a nivel de su registro simbólico, registro que está asentado en su proceso secundario, obra de la tarea de entramado del Yo que a su vez retoma el patrimonio común de certeza (Aulagnier). Falla que en esos casos acompaña a la neurosis como una suerte de cuerpo extraño. Pero –y aquí lo inquietante al mismo tiempo relativo a esa suerte de epidemia de estos casos- no necesariamente puede tener lugar en sujetos con fallas en ese registro. En este punto debemos señalar a la cultura actual como potencial promotora de dichos estados de desestructuración en todos los sujetos.

La función del analista, alejándose de la llamada “posición clásica”, consiste en estos casos, en el tejido de una red de significación, o sea, promover la catectización y la ligadura: poner en marcha la capacidad de crear figuras de la psique, capacidad que queda suspendida en el ataque. Implica la creación de una red tanto representacional como de lazos con otros.  Esa red de significación y de lazos, es el amparo.
Desde Green esto tendría que ver con favorecer la objetalización como presencia de Eros. Función de ligadura para Laplanche. En uno y otro caso implica poner un tope a la pulsión de muerte.
Esta posición del analista guarda directa relación con las fallas en el objeto de origen, o las fallas del Otro en la actualidad, y ubica al analista en el lugar de esa falla, sea para que por primera vez el sujeto tenga un encuentro con una instancia que no cumplió adecuadamente con su función (en el caso de los cuadros borderline) como para retomar el hilo simbólico momentáneamente suspendido como consecuencia del accionar del Otro. Esto último lleva al siguiente punto con el cual finalizaré este desarrollo:


Ataques de pánico, la actualidad (*)

Como he desarrollado en otros textos (El gran accidente, la destrucción del afectoMás allá del narcisismo; Insignificancia y clínica: el paradigma borderline, entre otros) el modo de ser de esta sociedad mucho tiene que ver con la aparición de diversos cuadros que, sin desplazar a las neurosis, se confunden con ellas y a veces hasta llegan a ocupar el centro de la escena clínica. Así, lo actual, -esa irrupción de cantidad, es decir de pulsión que no encuentra figuras psíquicas para expresarse y que por lo tanto no ingresa en la lógica de la puesta en relación- es lo que va a mostrar su presencia en los cuadros psicosomáticos, las adicciones, la predominancia del acto, la afánisis, la descatectización, los ataques de pánico (sobre los cuales me he centrado en este trabajo), etc.  Y no obedece a las mismas causas consignadas por Freud a principios del siglo XX.

El modo de ser del capitalismo actual produce un malestar agregado (que es más que el infortunio común), que no tiene que ver necesariamente  con una cuestión psicopatológica propia de los sujetos. Como también sostiene Freud en El malestar en la Cultura, las instituciones sociales deben cumplir con una función de amparo (son subrogados de las figuras paternas), y si cesan en dicha función, arrojan al sujeto al desamparo. Y el desamparo-como señalé- tiene que ver con la presencia de la pulsión de muerte: angustia automática, eso que vimos ya desde las neurosis actuales, energía no ligada: queda libre la pulsión de muerte.

El malestar agregado por nuestra sociedades -que implica un malestar sobrante (S. Bleichmar)- difiere de lo que Freud señalara para su época, al basarse ahora en una exigencia de placer sin límites al mismo tiempo que de una amenaza o realización de exclusión. Lo traumático como experiencia de sin sentido se produce a partir de esto, que además va acompañado de la insidiosa presencia de una hiperestimulación digital y de una aceleración temporal que impide la ligadura. Por si fuera poco, esto produce y es al mismo tiempo acompañado de la crisis de las significaciones, expresadas a través de instituciones, que deben producir un patrimonio común de certeza: la crisis del mismo es lo que conocemos desde Castoriadis como el avance de la insignificancia.

Así como es imposible separar este estado de la cultura de la forma que toman los padecimientos psíquicos, lo es separarlo de una suerte de psicopatología de la vida cotidiana de la sociedad actual: accidentes de tránsito, agotamiento, embotamiento, aceleración de la vida cotidiana, agresividad, violencia de género, abuso sexual, etc., los cuales en su momento he relacionado además con lo que está más allá del narcisismo: lo autoerótico y el lugar que ocupa en la cultura actual.

Finalmente: fueron los propios hombres y mujeres durante el siglo XX quienes consiguieron modificar el malestar agregado reinante, generado por un exceso de represión, que producía eso que Freud denominaba como nerviosidad moderna. Mujeres y hombres que también enfrentaron esa otra fuente de malestar agregado: la explotación laboral ilimitada, los diversos genocidios, el sometimiento de las mujeres, la persecución y castigo de los homosexuales, etc. Alteraron y pusieron límites a las fuentes de ese malestar a través de movimientos colectivos tanto sociales como culturales.

No se avizoran hoy, todavía, movimientos que vayan en el sentido de la destitución de la significación de lo ilimitado – el Opus Magnun del capitalismo de estos días- que les permita a los sujetos no padecer de ese malestar agregado/sobrante. Que pongan al mismo tiempo un tope a la creación de esa otra fuente de malestar como lo son los muros de la exclusión: lo ilimitado necesita, curiosamente, de un mundo para pocos. Es bueno recordar que nada hacía pensar a principios del siglo XX que la exigencia de renuncia desmesurada denunciada por Freud -una de las significaciones centrales del capitalismo de entonces- sería destituida.


[*] Ver Frank Underwood: poder, política, psicoanálisis para la ampliación de algunos de los desarrollos realizados en este texto.



 
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Notas
 
[1]Ver Hilflosigkeit, inseguridad

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