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Francisco de Goya, de la serie Pinturas Negras (1819-1823), Dos viejos comiendo.
Francisco de Goya, de la serie Pinturas Negras (1819-1823), Dos viejos comiendo.
Imagen obtenida de: https://es.wikipedia.org/wiki/Dos_viejos_comiendo_sopa
Furia o violencia?
Por Héctor J. Freire
hectorfreire@elpsicoanalitico.com.ar
 

Las Erinias, las furias más primitivas, representaban la conciencia ancestral y también la parte instintiva y “animal” del hombre. El “violento” Orestes, acosado por ellas después de haber cometido matricidio, vaga “enloquecido” por las calles y se dirige, siguiendo el consejo de Apolo, a Atenas. Aquí encuentra a Minerva, diosa de la región. El proceso posterior se desarrollará en el Areópago: el primer juicio de los hombres sobre un hombre, y la primera absolución. Las violentas Erinias se transforman entonces en Euménides: las furias que hacen posible el nacimiento de la democracia. La transformación de las Erinias en Euménides indica la posibilidad de una supervivencia no violenta del espíritu y de una convivencia de las furias con las nuevas formas de organización social.

La Furia a diferencia de la Violencia, se presenta como la imagen de un campo de fuerzas no rígido que genera continuamente en su interior otros campos de fuerzas. El movimiento de la furia es siempre centrífugo: “estamos siempre al comienzo de una acción plena”. Furia=Movimiento. Dinámica-Vértigo-Simultaneidad. La furia entendida como una concepción del tiempo y el espacio que reniega de las configuraciones cristalizadas, cerradas. Y que se abre ilimitada, desde el presente hacia el pasado y el futuro, como hacia una incalculable pluralidad de realidades posibles. La furia como un tipo de movimiento, de líneas quebradas o en zigzag. De entrecruzamientos continuos. Extravíos/Encuentros. Desviaciones/Cambios constantes. El placer de la rapidez de la acción “furiosa” –resalto furiosa, y no violenta-, se mezcla de inmediato con una sensación de amplitud en la disponibilidad del espacio y del tiempo.

Mientras, la violencia implica la negación del ejercicio de la libertad. Incluso de la propia libertad. Violencia (del latín, violentia): “dícese de lo que hace uno contra su gusto”. En la historia del cine, por ejemplo, hay demasiados films donde se identifica la violencia con la furia, o se cree que ésta última encuentra en la primera su mejor combustible. Pero lo cierto es que no todo acto de violencia expresa el ánimo de la rebeldía, de la furia. De hecho la violencia, a veces es una mera proyección de nuestra inseguridad, que nada tiene que ver con la furia. Un “NO” pacientemente sostenido puede ser más corrosivo que mil golpes, una voluntad implacable en la resistencia: a la manera de la Antígona griega, o del carácter radical que confiere la eficaz y supuestamente inocente frase, preferiría no hacerlo,  del Bartleby de Melville; o en la furia “silenciosa”, heroica pero contundente  de nuestras Madres de Plaza de Mayo, y que nunca está de más decirlo, no han generado un solo acto de venganza y de violencia, al reclamar -como las furias de la mitología griega-para los genocidas, sólo “juicio y castigo a los culpables”, termina siendo  más eficaz y expansiva que la violencia.

Otra diferencia es que muchas veces la violencia obra como encubrimiento de la ausencia del coraje y la valentía de quienes la ejercen.

En síntesis, lo que termina mostrando la violencia, es que la exageración de lo real es aquí hija de la inseguridad. Esta violencia es más bien, un modo del conformismo. La misma violencia que permite volver la espalda a las audacias auténticas, a la exploración de un pensamiento nuevo, a la experiencia creadora, a la imagen fulgurante de la furia que durará algo más que un día. En este sentido, creo que la violencia constituye en realidad, un seguro contra la auténtica rebeldía de la furia. En esta situación la violencia a diferencia de la furia no puede ser creadora, porque no tiene trascendencia, no es una comunicación, no está animada por un movimiento de salida y retorno.

En la violencia y por ella no hay coraje, ni nacimiento, porque su proceso es un ciclo cerrado: no cuenta con el otro, ni posee continuidad. No hay prolongación futura, ni fluencia procesal, ni vínculo, ni mediación histórica. La violencia es sólo una “interrupción”, no una “continuidad” expansiva como la furia. Es una supresión instantánea, pero no la génesis de una entidad nueva. Se desencadena para que un proceso quede interrumpido pero no superado. Y esto porque en la violencia no hay dialéctica alguna, es la imposibilidad de toda dialéctica puesto que supone la supresión, la destrucción de uno de los términos.


 

 
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