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Remedios Varo. Mujer saliendo del psicoanalista 1960.
Imagen obtenida de: https://arthemira.wordpress.com/2015/03/24/remedios-varo-mujer-saliendo-del-psicoanalista/
La poesía erótica de Kavafis
(Breve antología)
Por Héctor J. Freire
hectorfreire@elpsicoanalitico.com.ar

Recuerda cuerpo...
  

EN LA ENTRADA DEL CAFÉ
(1915)

Mi atención fue atraída por algo dicho
En la entrada del café.
Y vi aquel hermoso cuerpo como hecho
Por Eros con su larga experiencia
Modelada con alegría la simetría de sus miembros;
Alzando su presencia como una escultura;
Modelada la cara con emoción
A la que impartiera con el toque de sus dedos,
La pasión en su frente, y en los ojos, y en los labios.
  

JURA
(1915)

Jura una y otra vez que rehará su vida.
Mas al llegar la noche y sus consejos,
Con sus promesas, y sus ofrecimientos;
Al llegar la noche con el poder
Del cuerpo que desea y exige, al mismo
Fatal placer, perdido, se dirige de nuevo.
  

INFORMANDOSE DE LA CALIDAD
(1930)

Desde la oficina donde trabajaba en un puesto
Insignificante y pobremente pagado
(no llegaba a ocho libras al mes, con los extras),
cada tarde salía al concluir la ingrata jornada
que lo había esclavizado en una mesa:
salía a las siete, y marchaba lentamente
distrayendo su mirada por las calles. Hermoso;
e interesante; como a la espera
de que en él madurasen los sentidos.
El mes anterior había cumplido veintinueve años.

Andaba mirando sin rumbo por las calles, en los míseros
Pasajes que conducían a su domicilio.

Mas al pasar ante una pequeña tienda
De muchos y variados artículos
Baratos para obreros,
Vio la figura y el rostro de un dependiente
Que lo atrajeron sin remisión, y entró como si fuese
A buscar pañuelos de colores.

Preguntaba balbuceando
Sobre la calidad de los pañuelos con una voz presa del deseo,
Sobre la calidad y sobre el precio.
Las respuestas del dependiente eran distraídas,
En voz baja,
Con un consentimiento sobreentendido.
Conversaban sobre las mercancías, eludiendo
El único objeto: rozar sus manos
Entre los pañuelos, el acercamiento
Como por azar de sus caras y sus labios;
El florecimiento instantáneo de su carne.

Furtiva y velozmente, sin que el dueño,
Inmóvil en el fondo de la tienda, llegara a darse cuenta.
  

ASI
(1913)

En esta fotografía obscena
Vendida (a escondidas de miradas) en la calle,
En esta fotografía pornográfica
Cómo puede haber una cara tan
Maravillosa como la tuya.

Quién sabe la vida fatal, sórdida, que harás;
En qué cruel ambiente
Te habrán hecho esta fotografía;
Qué espíritu tan vulgar el tuyo.
Mas pese a todo permanece, aún vive en mí aquella cara
Maravillosa, esa figura
Hecha y ofrecida para el placer griego
Así permaneces para mí y así te canto.
  

DICIEMBRE DE 1903
(1904)

Si de mi amor no puedo hablar
Hablar de tus cabellos, de tus labios, de tus ojos,
Sin embargo tu rostro que llevo dentro de mi alma,
El sonido de tu voz en mi cabeza,
Los días de setiembre en que desperté de mi sueño,
Hechos uno con mis palabras, están y dan color
A cada tema que afronto o a cada idea que expreso.
  

ENERO DE 1904
(1904)

Al recordar las noches de aquel mes de enero,
En mi mente todo se remueve
Bajo esos instantes, y te encuentro,
Y escucho nuestras últimas palabras y las primeras.

Oh desesperadas noches de aquel enero,
Cuando desaparece la visión y quedo solo.
Cómo desaparecen rápidamente y se disuelven
Árboles, casa, calles, luces ya calladas,
Y en la sombra se borra tu amada belleza.
  

EN LA ESCALERA
(1904)

Bajando por aquella escalera,
Junto a la puerta nos cruzamos, y por un instante
Vi tu cara desconocida y tú me viste.
Yo me oculté en las sombras, y
Pasaste rápido, alejándote,
Y te perdiste en aquella casa vulgar
Donde no encontrarías el placer, como tampoco
Yo habría de hallarlo.

Y sin embargo el amor que deseabas yo lo tenía para dártelo;
El amor que yo deseaba, tus ojos me lo ofrecían
Con su ambigüedad y abandono.
Se sentían los cuerpos y se buscaban;
La sangre y la piel comprendían.

Pero turbados los dos nos escondíamos.
  

EN EL TEATRO
(1904)
  
Me aburría contemplar la escena,
Y alcé los ojos hacia los palcos.
Y en uno de ellos te vi
Con aquella extraña belleza tuya,
Tu corrompida juventud.
Volvió a mi mente cuanto había oído
Hablar de ti,
Y mi pensamiento y mi cuerpo se conmovieron.
Y mientras una y otra vez contemplaba fascinado
Esa frágil belleza, tu frágil juventud,
La buscaba a través de tu ropa,
Te imaginaba y te idealizaba,
Lleno de cuanto había oído contar de ti.
  

AL ADVERTIR EL AMOR
(1911)        

 Al advertir un bello amor te sientes palpitar y temblar
Como hombre sensible. Y, feliz,
Recuerdas cuanto plasmó tu fantasía: las primeras
Sensaciones; luego las demás – mínimas o no –
Que en tu vida pasaste y borraste,
Mas tan verdaderas y palpables.
De tales amores nunca te has privado.
  

Y SOBRE AQUELLOS LECHOS ME ABANDONABA Y ERA FELIZ
(1915)
  
Al entrar en la casa de placer
No permanecí en la sala donde celebraban
Los desconocidos amantes su gozo.

Otra habitación secreta era la mía
Y en su lecho me abandonaba feliz.

Oh aquella habitación secreta
Cuya sola mención hace avergonzarse.
Mas no soy yo quien se avergüenza
¿qué clase de poeta o artista sería?
Mejor entonces haber elegido una vida ascética.
Más acordes, mucho más acordes con mi poesía son estos lugares;
Más me alegra este regocijo promiscuo.
  

MEDIA HORA
(1917)

Ni te tuve, ni he de tenerte
Nunca. Unas vagas palabras, un contacto
Como anteayer en el bar, y nada más.
Sí, aunque no quiero decirlo, dolor. Nosotros al Arte
Entregamos nuestro espíritu, y ciertamente alguna
Vez, casi creamos un placer
Que parece como si fuese real.
Así en el bar anteayer – con la ayuda feliz
De un alcoholismo muy piadoso-
Gocé media hora de pleno erotismo.
Y lo supiste, me parece,
Y por ello te quedaste un rato más sólo para mí.
Tenía mucha necesidad de ello.
Que aquella fantasía, y aquella mágica bebida,
Me permitieran ver tus labios,
Me permitieran sentir tu cuerpo cerca de mí.
  

LA ESPALDA VENDADA
(1919)

Dijo haberse golpeado contra un muro o haberse caído.
Pero otra quizás fuera la razón
De su espalda herida y vendada.

Al hacer un gesto demasiado brusco,
Para intentar coger de un mueble
Unas fotografías que quería ver de cerca,
La venda se movió y brotó un poco de sangre.

Le vendé de nuevo la espalda,
Lo hice con todo cuidado, muy despacio,
Y contemplé encantado aquella sangre. Porque esa
Sangre era algo de mi amor.

Cuando se fue, sobre una silla encontré
Un jirón enrojecido de la venda,
Un jirón que parecía como si fuese a sangrar;
Y lo llevé a mis labios,
Y lo guardé muchas horas,
sangre del amor en mis labios.

 

*Todos los poemas seleccionados pertenecen al libro Poesías Completas, Traducción de José María Alvarez. Ed. Hiperión, 1976 Madrid.

 

Konstantinos  Kavafis
 
Nació el 29 de abril de 1863 en el seno de la comunidad griega que poblaba la entonces multicultural ciudad de Alejandría, ciudad donde pasó gran parte de su vida. Sin publicar en vida ni un solo libro, es considerado el fundador de la poesía griega moderna, y un poeta mundial extraordinario.

En 1870 muere su padre dejando a la familia en una situación económica menos acomodada, obligando a su madre a mudarse a Londres. Esta nueva residencia otorgará al poeta una educación inglesa y un gran dominio del idioma (situación muy parecida a la de Baudelaire y Pessoa). Kavafis además hablaba y leía a la perfección italiano, francés y árabe.

De regreso a Alejandría en 1885, muere su hermano-mecenas, y se precipita la ruina económica y familiar. Situación por la cual Kavafis deberá ingresar como empleado al Ministerio de Riegos egipcio. En 1920 se retira, y poco a poco se irá convirtiendo en esa sombra de la ciudad, que él mismo poeta retratará en su inolvidable poema La ciudad, y el escritor Lawrence Durrell reflejará admirablemente en la primera novela Justine, desu conocida tetralogía El cuarteto de Alejandría.

Kavafis muere en el Hospital Griego de Alejandría, el mismo día y el mismo mes de su nacimiento el 29 de abril de 1933.

Según Pablo Ingberg, Kavafis fue un aristócrata de la delicadeza. Supo amalgamar en su poesía a Aquiles con el empleado de tienda, a la lengua de Homero con la de la calle. Y lo hizo con una naturalidad de la que difícilmente pueda dar cuenta una traducción.

En los poemas seleccionados podemos observar cómo se transita de la ambigüedad a la explicitación anecdótica del carácter erótico y homosexual.
Sin embargo, el poeta no nos habla de homosexualidad ni de erotismo. Sino de la fugacidad de la belleza, de la juventud, y de la llegada de la inevitable vejez. Además de obligarnos a la lectura introspectiva que nos conecta con ese sentimiento universal que embarga a todos los hombres, cuando ya tarde, nos damos cuenta que fuimos responsables de lo que nos pasó, de nuestros errores y aciertos cometidos.

Para mayor información consultar la biografía de Robert Liddell, o el ensayo de Marguerite Yourcenar “Presentación crítica de Cavafis”, publicado en el libro “A beneficio de inventario”, por la Ed. Alfaguara. 1995.



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