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Banalidad cultural y estragos psíquicos
Por Yago Franco
yagofranco@elpsicoanalitico.com.ar

Cultura capitalista y banalidad
  

¿Hay algo más banal que “siempre más” como imperativo cultural? Un imperativo banal y destructivo que afecta a un concepto central del psicoanálisis: la castración. Siempre más es lo ilimitado. No hay tope. Sí lo hay para quienes quedan afuera del “paraíso” del consumo, miles de millones de personas de este planeta: y muchos de ellos en realidad fuera del consumo de lo básico para la supervivencia. Y esto acompañado de modelos identificatorios imposibles (empresario de sí -Byung-Chul Han, 2016-, sujeto exitoso, consumidor permanente como signo de ese éxito, sujeto joven y saludable, etc.), y con un desfile de objetos de consumo que hacen que la pulsión gire enloquecida, de los cuales puede formar parte hasta la salud. Siempre más es sinónimo de: siempre más cansancio y frustración. Paradójicamente, un sujeto siempre más limitado en su libertad y felicidad..

¿Hay algo más banal que una sociedad centrada en la acumulación, el cálculo, lo estadístico, lo numérico en todos los dominios? ¿Una cultura del desarrollo por el desarrollo mismo, sin cuestionamientos? En la cual, además, lo tecnocomunicacional produce un estado de distracción permanente, mediante el envío de estímulos sin pausa, imposibles de ser procesados por la psique, generando agotamiento, insomnio, y siendo un poder hipnótico al servicio del consumo, de un proyecto político... Con la consabida aceleración temporal que hace inasimilable para la psique todo lo existente. ¿Hay algo más banal que la aceleración cada vez mayor de todos los planos de la existencia? La banalización del discurso –consecuencia además de la destrucción del lenguaje (Franco, 2011)- aporta su cuota para generar el mal, tal como Eduardo Müller lo desarrolla en su texto.

Sostiene P. Aulagnier que el psicoanálisis debe poder explicitar “A qué condiciones tiene que responder la organización del campo social para que el sujeto que toma lugar ah´ no tenga que pagar esta entrada con un precio que pondría en peligro su funcionamiento psíquico…” (1). Puede no ser sencillo establecer las condiciones que plantea Piera Aulagnier -que prácticamente equivalen a qué sería una buena sociedad-. En principio entiendo que debemos expedirnos como psicoanalistas acerca de qué no debe estar presente en el campo histórico social para así no dañar a los sujetos. Lo que es lo mismo que decir: qué de lo que se hace presente en el campo de la cultura daña la psique de los sujetos que participan de la misma.

Siempre hay alguna significación imaginaria social (Castoriadis) que se transforma en central y que orienta tanto la vida individual como la colectiva (Castoriadis, 1993). En el medioevo europeo, por ejemplo, lo fue la significación religiosa (Dios era el centro de la vida en común y de la vida de los sujetos), siendo la económica secundaria a la misma. Pero con el advenimiento del Capitalismo, fue la economía la que tomó el centro, el lugar Capital –en la sociedad y en cada sujeto-. En la fase actual del capitalismo la significación de lo ilimitado (la significación capitalista en estado puro) ha tomado el lugar predominante.

Si el inconsciente es el discurso del Otro (Lacan), el discurso del Otro actual está reflejando el modo de ser del inconsciente, ha devenido en su espejo –transmite su deseo reduplicado-. Este Otro que ya no exige tanto renuncias como placer sin límites. Ese Otro desea (y sus deseos son órdenes) que seamos sin límites, como lo desea el inconsciente que nada quiere saber de la castración. (Franco, 2016)

No puede ser ajeno a todo esto, que en la consulta psicoanalítica se presenten con frecuencia cuadros en los que predominan tanto la fragilidad intrapsíquica -produciendo fading yoico, actuaciones, retracciones, eventos psicosomáticos, adicciones, ataques de pánico, etc.,- como también estados en los cuales el lazo con el otro es vivido como de intromisión o desamparo. A lo que se agrega en estos &ouacute;ltimos tiempos una crisis del proyecto identificatorio (Aulagnier, 1977) tal como se produjo a fines de la década del 90 del siglo pasado.Así, tanto el registro pulsional como el identificatorio se encuentran en jaque y esos son -a mi entender- los desafíos para la clínica hoy.


Lo borderline


El modo de ser de esta sociedad, y la forma que había tomado hacia mediados/fines de los 90 –y que entiendo que se reiteran en este momento- fue lo que me llevó a sostener que, bajo determinadas circunstancias, todos somos potencialmente borderline. Me refiero a un núcleo actual como aquello que atraviesa las fronteras tanto al interior de la psique como entre la psique y el mundo social sin hallar traducción: quantum no tramitable por la psique, pulsión desligada o algo peor, instinkt que no llega a ser trieb. La agitación pulsional que produce el capitalismo en su actual versión –más intensa que en anteriores- y el estado de desamparo e incertidumbre que se está produciendo en este momento, son facilitadores de la aparición de lo borderline.

Bueno es aclarar lo siguiente: no es que el desborde sea mala palabra. No existirían el arte, ni la filosofía, ni la pasión amorosa o la revuelta política sin esta capacidad de la psique de deponer momentáneamente las fronteras. El problema es que si eso es nadar en y sobre la tópica, se transforma en hundirse y correr el riesgo de ahogarse en lo borderline. Tanto en el llamado cuadro de dicho nombre, como en el estado borderline que produce el Otro de la sociedad occidental actual, que agita el registro pulsional hasta arrasar las fronteras psíquicas introduciendo un núcleo actual al interior de una neurosis u otras formas clínicas. La cuestión de fondo es que en este estado de cosas se ve afectada –cuestión que venimos resaltando- la figurabilidad psíquica, llevando a una crisis tanto de lo representacional como de lo afectivo, y también de la interdicción. (Franco, 2017)

Hay condiciones necesarias - pero nunca suficientes- para el surgimiento de lo borderline: puede establecerse 1) en el origen de la vida del infans por una falla en el objeto materno, que falló en su función de sostén, también en su capacidad de transmitir plenamente el código y estuvo excesivamente presente o ausente; 2) también por crisis y catástrofes tanto individuales como sociales; 3) finalmente por un modo de ser de la sociedad –como en el caso de la forma actual que ha tomado la significación capitalista-.Es sobre estas últimas dos cuestiones que está centrado este desarrollo. El modo de ser de esta sociedad desde hace unas décadas, y la forma que ha tomado en estos últimos tiempos, desencadenando algo que oscila entre la crisis y lo catastróófico.

Fronteras: 1) aquella que está en el grado 0 de la psique, lugar virtual en el cual la pulsión es creada en el encuentro con el otro; 2) la frontera establecida por la represión originaria; 3) la frontera edípica y 4) la frontera de la psique y el mundo. Cada frontera se corresponde con diversos estratos que contienen lógicas y elementos propios.

Esa cuarta frontera hace a la relación de la psique con la realidaa: con lo intersubjetivo y con la relación con lo instituido socialmente. Una relación ya establecida en el interior de la psique con la erección de dos instancias como lo son el superyó y los ideales: pero también con destinos para la pulsión instituidos socialmente desde el inicio mismo de la vida psíquica. Los registros pulsionales e identificatorios son dirigidos por lo histórico social en aleación con la travesía ed&oiacute;pica de cada sujeto.

Pero la socialización del psiquismo nunca es total, plena: nunca lo es sin resto y sin transformación, aunque sea mínima –como suele darse en estados totalitarios o confesionales-. Esto ocurre debido a lo que Castoriadis ha establecido como imaginación radical de la psique (Castoriadis, 1983).

Si los ideales están en relación a modelos identificatorios que promueve la sociedad y los destinos de la pulsión están orientados por modalidades y objetos obligados para su satisfaccióón (seguimos en esto la propuesta de Castoriadis), tenemos que pensar que los modelos identificatorios y la orientacióón del mundo pulsional actuales atentan contra el establecimiento de fronteras al interior de la psique. Que en lugar de hacerlas firmes pero elásticas, porosas, tienden a favorecer su crisis, su fractura, su colapso, afectando tanto la vida individual como la colectiva.

Ahora bien, lo desarrollado hasta aquí no es suficiente para entender y abordar el padecimiento psíquico que se está produciendo en Argentina hoy en muchos de sus habitantes. Porque a la serie de lo borderline se suma aquello que sostuve hacia fines de la década del 90:la crisis del proyecto identificatorio.

El capitalismo en su avance irrefrenado - descrito magistralmente por Goethe en su Fausto -, produce estragos en Argentina. Que avance, que progrese: lo hace como una enfermedad. Que progresa hasta que mata. Si se la deja librada a sí misma, si no se la frena. ¿Qué mata el capitalismo, hoy y aquí? Además de a la misma economía que es su centro -lo Capital-, dejaráá un tendal de vidas humanas estragadas por la precarización y pauperización material - para muchos- y simbólica -para todos-: y para muchos jóvenes (y no solamente para ellos) la imposibilidad de elaborar un proyecto identificatorio, como ocurrió en los 90 y en 2001/2. Elterror capitalista –de esto es de lo que hoy se trata- se yergue sobre la psique de los sujetos. Que también va de la mano de ver atacadas instituciones fundamentales de la socialización del psiquismo - además del trabajo-, me refiero a la Salud y la Educación. En ese sentido, los acontecimientos producidos en el Hospital Posadas, hacen de éste un caso testigo del momento. En una muestra transparente del ejercicio de la crueldad (ya volveré sobre este concepto establecido por Fernando Ulloa), se castiga a médicos, enfermeros, camilleros, pacientes y familiares. Sin explicaciones o inventándolas. No es novedad: si contra algo atenta la forma de vida capitalista es contra lo común.


Crisis del proyecto identificatorio


Una de las condiciones necesarias para poder ser un sujeto social es la de encontrar una cuota de placer mínimo en la vida en común: el colectivo social es uno de los destinos del placer del sujeto (Aulagnier, 1980). Su función psíquica es clave para que éste pueda labrar su proyecto identificatorio.

Y esto que sigue fue escrito a fines del año 2001. Cualquier parecido con la realidad actual…

"Una de las cuestiones que puede ocurrir con el contrato narcisista - es decir, el contrato entre el sujeto y el Otro- es que dicho contrato se rompa. (…) un modo especial de ruptura (…) es el no tener lugar en el (deseo del) Otro, ser abandonado por éste. (…) ¿Qué ocurre cuando se rompe el contrato narcisista, y una importante parte de la población se ve exiliada del deseo de ese Otro? " "Es a partir de aquí que sostengo –decía en 2001- que el estado actual de nuestra sociedad debe ser considerado como un estado que se encuentra más allá del malestar en la cultura. Debe entenderse como un estado traumático particular , deviniendo por la presencia en los sujetos de una persistente angustia de desamparo. (…) Esto hace que los sujetos se vean sometidos a un estado de violencia secundaria (Aulagnier) colectivo, es decir, ven atacado su yo en sus funciones significantes e identificatorias. (…) Los ideales del yo se ven trastocados en su función, que es la de elaborar el mundo pulsional-deseante, inscribiéndolo en la cultura. (…) A su vez, la crisis del proyecto identificatorio pone en jaque a eros, convocando a la pulsión de muerte.” (2)

Estas últimas han sido semanas en las cuales la realidad económica, social, laboral, educativa, han tenido una presencia notoria en los discursos de los analizandos. Lo importante es poder darle su lugar en el padecimiento individual, y si es posible, ligarlo a las respectivas series complementarias. La función del analista, consiste, en estos casos, en el tejido de una red de significación, o sea, promover la catectización y la ligadura: poner en marcha la capacidad de crear figuras de la psique, capacidad que ha quedado afectada. Implica la creación de una red tanto representacional como de lazos con otros. Esa red de significación y de lazos es el amparo.

Esta posición del analista guarda directa relación con las fallas en el objeto de origen, o las fallas del Otro en la actualidad -que es lo que aquí nos ocupa hoy-, y ubica al analista transferencialmente en el lugar de esa falla, sea para que por primera vez el sujeto tenga un encuentro con una instancia que no cumplió adecuadamente con su función (en el caso de los cuadros borderline) como para retomar el hilo simbólico momentáneamente suspendido como consecuencia del accionar del Otro.

No tomar en consideración las experiencias realmente vividas, sea en el pasado o en el presente, por el sujeto que consulta –cito nuevamente a Piera Aulagnier- “imputar los efectos de esas experiencias solamente a la representación fantasmática que ellos tienen… es imponerles a estos sujetos… la misma violencia, el mismo abuso de poder que aquel que fue (o es) responsable del sufrimiento psíquico por el cual ellos han venido a vernos esperando que les permitamos superarlo” (3). Es decir, estamos ahí para favorecer que el sujeto salga de su encerrona trágica (como Fernando Ulloa nos enseñó), en la cual no tiene tercero a quien apelar. Lo sostenido por Ulloa bien puede ampliarse para situaciones individuales o sociales en las cuales el sujeto queda a merced de otro que despliega sobre él su crueldad y sin tener a quien apelar, sin tercero de la apelación. Tal como en este momento se está produciendo en buena parte del colectivo social –insisto que lo que ocurre en el Hospital Posadas es absolutamente representativo de lo que está padeciendo buena parte del colectivo social-. Quiero recordarles que allí funcionó un centro de detención durante la dictadura -llamado El Chalet- habiéndose hallado restos de detenidos-desaparecidos en el mismo; y ahora ocupa este lugar testigo.

Por supuesto que están esas otras significaciones que se oponen a este proyecto demencial que obedece a la más profunda “racionalidad” del capitalismo. Es más, estas están presentes hasta en la Constitución Nacional, en lo que se aprende en la escuelas, sopla en el aire que respiramos. Solidaridad, igualdad, justicia, libertad, fraternidad... Se observa en las calles, en el movimiento de las mujeres, en las luchas universitarias, en asambleas medioambientales, en las protestas obreras y de docentes... Se trata de ponerlas a trabajar en todo dispositivo colectivo. Se trata de crear condiciones para eliminar el malestar sobrante. Se trata de salir del confort -pseudo confort- de una época en la cual la actividad política ha sido llevada a la reproducción de slogans, en la cual se ha dado por cierto que la capitalista es la única forma de vida posible. Única y última. Forma de vida que -como dije- destruye lo común. Se trata, asíí, de reinstituir lo común.


Notas


(1) Aulagnier, P., ¿Qué es la realidad para el psicoanalista?, Revista de Psicoanálisis, APA, Tomo XI, Nº 4, 1994.

(2) Franco, Y., La crisis del proyecto identificatorio, Revista Topia N° 33, Buenos Aires, noviembre 2001.

(3) Aulagnier. P., ob.cit.


Bibliofrafía


Aulagnier, P.,

La violencia de la interpretación. Del pictograma al enunciado. Amorrortu, Buenos Aires, 1977.

Los destinos del placer. Alienación, amor, pasión. Argot, Barcelona, 1980.

Byung-Chul Han, La muerte del Eros. Herder, Buenos Aires, 2016.

Castoriadis, C., La Institución imaginaria de la sociedad Vol. 2. Tusquets, Buenos Aires, 1993.

Franco, Y.,

Más allá del malestar en la cultura. Psicoanálisis, subjetividad y sociedad. Biblos, Buenos Aires, 2011.

2016: Odisea en el consumo , El Psicoanalítico Nro 26, julio de 2016.

Paradigma borderline. De la afánisis al ataque de pánico. Lugar, Buenos Aires, 2017.




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