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Por Yago Franco

Psicoanálisis en movimiento. Fragmentos e iluminaciones
de Carlos Guzzetti

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Vi(r)ajes. De Marcelo Luis Cao
Psicoanálisis en movimiento. Fragmentos e iluminaciones.
Presentación de Psicoanálisis en movimiento. Iluminaciones y fragmentos. 22-05-2019
De Carlos Guzzetti
Lugar Ed., 224 p.
Por Yago Franco
yagofranco@elpsicoanalitico.com.ar

 

Leo pocos libros de psicoanálisis. En general me aburren. Suelo abandonarlos en las primeras páginas. La reiteración, la mala escritura -el mal/decir- los abundantes sobrentendidos, la saturación que produce la certeza, los guiños para las respectivas parroquias terminan ganándome por abandono. Sigo -en cambio- disfrutando de los textos de Freud, esa obra abierta, y de los libros bien escritos, habitados por el bien-decir. El disfrute de un texto es para mí la premisa más importante -lo que no significa que sea fácil su lectura, o que carezca de rigurosidad- .

El libro que tengo el placer de presentar hoy -el libro de Carlos Guzzetti- cumple sobradamente con esta premisa. Cada lectura es un encuentro, una nueva escritura en ese puente que Carlos describe que se produce entre paciente y analista y que yo extiendo al encuentro del lector con el texto: se produce una lengua-puente entre ambos. Entonces, cada libro es muchos libros, tantos como lectores tiene. Pero en particular este texto, además, está compuesto de varios libros que a continuación enumeraré. Antes de lo cual digo que en el encuentro con este texto pude experimentar entusiasmo, sorpresa, me sentí interrogado en mi pensamiento y práctica,  convirtiéndose -como los buenos textos- en exigencia de trabajo.

Fragmentos e iluminaciones: el texto ilumina fragmentos (en el sentido benjaminiano) fragmentos iluminados, en los cuales siempre queda algo en la penumbra, a veces en la más profunda de las obscuridades.... hasta que un nuevo resplandor vuelve a dejar ver lo que anida en ese espacio que era esquivo a la mirada... para dejar algo nuevo en la penumbra y así... Fragmentos que habitan en las galerías de un laberinto. Para recorrer el cual Carlos avanza en amistosa compañía de un tridente ofensivo notorio: Walter Benjamin, Roger Callois, y su ciencias diagonales y Levy Strauss y los bricolajes, abastecidos por un armador de lujo: Sigmund Freud. El libro mismo es un laberinto -pleno de bricolajes producidos en cada encrucijada-, un laberinto conformado por galerías/diagonales- que se conectan, se cruzan, en un recorrido de la escritura que vuelve sobre temas e interrogantes que siempre se muestran de un modo distinto, como un ostinato que sostiene al texto mismo.
Así, este es un libro en el cual Carlos generosamente comparte su experiencia clínica con nosotros. Entonces este libro que, como dije es varios libros, es un libro sobre clínica psicoanalítica, en el que desfilan personajes como Ofelia, Eduardo, Susana... Que muestra una clínica en movimiento: sus aperturas, sus aporías, sus interrogantes, sus posibles repuestas. Una clínica en la cual Carlos señala -tomando como referencia al sinólogo Jullien, quien revisa, recurriendo al pensamiento chino el mito occidental de la acción-que la suya es una clínica “prodiga en procesos … de cambios a veces imperceptibles pero en definitiva eficaces en lograr mejorar la posición subjetiva frente al mundo: amar y trabajar” (p. 136). Un clínica para la cual la edipización se ha mostrado insuficiente. Lo mismo que la presencia abusiva en ella de la falta y de la función castratoria del analista, que ha sido pródiga en todo tipo de crueldades. Siendo estas últimas dos presencias en la clínica una muestra de las resistencias del psicoanálisis.

Carlos remarca la importancia del trabajo analítico sobre la realidad efectivamente vivida -para lo cual agrega al mencionado tridente ofensivo a otro delantero: Sandor Ferenczi. Desconocer esa realidad es reduplicar el trauma.

Es también un libro sobre la inseparabilidad del sujeto y el otro, del sujeto y de la sociedad, siempre integrados a su psiquismo. Un sujeto que -señala Carlos- no solo está escindido, sino que es una multiplicidad.

También es un libro sobre las instituciones psicoanalíticas: sus caminos sin salida y la posibilidad de que la diáspora actual permita un mayor grado de libertad. Aunque Carlos Guzzetti no deja de señalar la resistencias al psicoanálisis y del psicoanálisis mismo que pueden llevarlo a un camino sin salida.

Este libro es también una reflexión sobre la época, mencionando una y otra vez el espíritu concentracionario de la misma. Y es un libro sobre la amistad. La amistad es un antídoto contra lo concentracionario y lo segregatorio de nuestras sociedades. Al igual que el psicoanálisis, que va a contra corriente de dichas tendencias, instituyendo un nuevo lazo social. Ofreciendo un lugar para el sujeto, a contra tiempo del tiempo vertiginoso, a contramano de las corrientes imperantes. La amistad y el lazo psicoanalítico encuentran su lugar como dispositivos de resistencia. La escritura es otro modo de ir contra la tendencia concentracionaria. Así Carlos cita como "Salidas de la escena concentracionaria" a la amistad, la escritura -acompañado por Primo Levi y Jorge Semprún-, y el psicoanálisis. Y nos advierte que "El campo no siempre está del otro lado. El universo concentracionario es la marca de nuestro tiempo y, por lo tanto, nuestra práctica clínica, téorica e institucional no está al abrigo de sus efectos".

Ahora bien, también alerta sobre uno de los efectos de nuestro oficio: El traumatismo de escuchar el padecimiento psíquico, lo cual hace que los agrupamientos de psicoanalistas sean necesarios. Aparece así la institución como lugar elaborativo, de anudamiento de la pulsión.

Lo concentracionario, lo segregatorio, lo traumático, el modo de ser de nuestra cultura, tanto como las catástrofes individuales, llevan al tema del montaje tóxico, centro de gravedad de su libro, otro libro dentro del libro. El montaje tóxico implica el pasaje de la angustia al dolor en nuestra cultura y en la clínica. Haciendo que el análisis devenga en un lugar de amparo, siendo muchas veces más que un trabajo analítico -por lo tanto de descomposición- un dispositivo de dar forma, de alojamiento al dolor para que -en el mejor de los casos- de paso a la angustia. El dolor, dirá Carlos, es un agujero en el psiquismo por el montaje tóxico, una defensa desesperada para desprenderse del mismo. La toxicidad de la cultura actual, montada sobre la cantidad, sobre el exceso, hace que esta reflexión clínica sea también un diagnóstico sobre nuestra realidad.

Como decía, Carlos sostiene que ante este panorama se erige la amistad. También el psicoanálisis y su relación con el paciente/extranjero, y el acto de hospitalidad del analista/anfitrión, quien al mismo tiempo se expresa en una lengua extranjera. "Lazo social original y paradojal -el psicoanálisis-, se propone como una promesa de disolución" sostenida por el amor diferido y prohibido, lugar de alojamiento del extranjero. Dice Carlos: “La apuesta psicoanalítica se asienta en la convicción cierta de que el nuevo lazo social que Freud ha inventado, donde encuentran su lugar la hospitalidad y la cortesía, puede ofrecer alojamiento al sujeto contemporáneo, aliviarlo de los sufrimientos de la época y brindarle un  porvenir, una vida que valga la pena ser vivida” (p. 82).

Muchas veces me pregunto -y le pregunto a Carlos- si el psicoanálisis no se trata de un otro modo de la amistad, en la cual hay un solo sujeto y otro que lo aloja, pero que con el tiempo implica un nosotros, un peculiar nosotros, en ese puente entre dos lenguas que genera una suerte de lengua original y compartida. Tiene en común con la amistad el saber callar, en este caso y sobre todo de parte del analista, pero también del paciente que -salvo en las psicosis- no habla a cielo abierto y como dijera Piera Aulganier, tiene derecho al silencio -no resistencial sino de sostén de su subjetividad-, restándole algo al otro para advenir sujeto.

 

Carlos cita de Borges : “El concepto de texto definitivo no corresponde sino a la religión o al cansancio...” Por eso, este es un libro en movimiento, que produce en el lector -y seguramente en el mismo autor- un empuje a pensar, porque pensar es entrar en el laberinto.

Sobre el final de su texto señala lo siguiente, que transcribo: “En el
psicoanálisis estamos acostumbrados a una falta absoluta de cortesía lexical, hablamos o escribimos con palabras incomprensibles para los demás, usamos construcciones absolutamente atravesadas, en general como resultado de malas traducciones, de malas desgrabaciones… nunca estamos seguros de lo que decimos cuando decimos lo que decimos y los dialectos solo se comprenden al interior de la tribu (…) La cuestión de la cortesía entra en sintonía con la de hospitalidad. Es preciso ser corteses con los extranjeros que nos visitan, con el otro, con la alteridad del otro. El encuentro solo es posible y productivo si se cuenta con los recursos para saber recibirlo y ser recibido” (197)

Hemos dialogado -sin saberlo- sobre este libro desde antes de que fuera libro, primero en nuestros almuerzos en el bodegón de la calle Boulogne sur Mer, cerca del consultorio de Carlos, y luego en los periódicos almuerzos en Pierino -exquisitos pulpetines mediante-, cerca del mío. Hemos jugado (sin saberlo) con algunas de las ideas que expone en este texto, en diálogos entrelazados por reflexiones sobre nuestra progenie, el paso del tiempo, la ausencia de nuestros seres queridos, nuestras preocupaciones, el porvenir y la incertidumbre y nuestras desesperanzas e ilusiones, este nuestro país y su dolor y sus eventos increíbles y tragicómicos. Recomendándonos libros, películas, obras de teatro… Todo esto hamacado en un vaivén fraterno.

Finalmente: Carlos muestra ese gasto que se realiza por el extranjero/otro al hospedarlo  y recibirlo con la cortesía del buen decir. Nosotros somos esos otros, esos extranjeros a quienes este texto nos hace lugar. Este libro produce una deuda con él, ya que no deja de ser un acto de donación, un gasto que él realiza, sobre todo por el gran compromiso con el que ha sido escrito. Un gasto que no espera retribución. Y que me provoca el deseo de agradecerle por haberlo escrito y compartirlo, y también -y sobre todo- por su amistad.

 

Índice

Prefacio................................................................................................................9

Del sufrimiento psíquico............................................................................……13

Escribir un síntoma..............................................................................................15
Los hundidos y los salvados. Efectos subjetivos de la segregación....................23
El montaje tóxico..................................................................................................33
La parte maldita y la ménis de Aquiles.................................................................41
El sillón incómodo.....................................................................................……..51
Creencia, amor y fe...............................................................................................53
El lugar de lo extranjero: identidad del psicoanalista............................................67
Rostros de la transferencia...................................................................................77
El amigo: ¿un otro-sí mismo?...............................................................................83
Instrumentos de navegación...........................................................……………99
Psicoanálisis 24 quilates.....................................................................................101
Elasticidad de la técnica. Diálogos con Sándor Ferenczi....................................111
¿Eficacia?............................................................................................................127
Resistencias del psicoanálisis.............................................................................141
Ficciones............................................................................................................155
Ficción, realidad y creencia...............................................................……………157
Edipo: mito, tragedia, complejo...........................................................................167
LENGUAS DEL OTRO/ lenguas del otro............................................................183
Dos parábolas sobre el poder.............................................................................199
Bibliografía........................................................................................................209


 
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