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Por qué leer a Italo Calvino
Por Héctor J. Freire
hectorfreire@elpsicoanalitico.com.ar
 
“...qué somos, qué es cada uno de nosotros sino una combinatoria de experiencias, de informaciones de lecturas, de imaginaciones? Cada vida es una enciclopedia, una biblioteca, un muestrario de estilos donde todo se puede mezclar continuamente y reordenar de todas las formas posibles.” 
ITALO CALVINO






Nació en un barrio de La Habana, Cuba, en l923, su madre era botánica y su padre agrónomo, por lo que tal vez, su hijo, Ítalo Calvino, ya de regreso a Italia, iniciara estudios de agronomía que abandonaría rápidamente. Durante la segunda guerra mundial participó en la Resistencia y, una vez acabada ésta, continuó su actividad política en el Partido Comunista, del que más tarde se iría alejando.

Sus primeros cuentos, en los que narraba de modo neorrealista historias de quienes fueron "partigiani", como él, se publicaron en l945 por Cesare Pavese y Elio Vittorini en las revistas que ellos mismos dirigían. Sin embargo, la marca objetivista de posguerra que aparece en casi todos estos textos, terminó construyendo un marco de contención a las posibilidades de autorrealización del escritor. Hecho que significó esencialmente la pérdida de las posibilidades individuales, con respecto a una mayor libertad creativa. Desde otra perspectiva, Ítalo Calvino comenzó a ensayar su crítica al asedio objetivista de posguerra, combinando distintos discursos narrativos: la fantasía alegórica en El barón rampante y Las dos mitades del Vizconde, una suerte de ciencia-ficción en Las cosmicómicas, Tiempo cero y Las ciudades invisibles, donde el "profano" de Calvino toma una frase del discurso de la ciencia (por ejemplo "la distancia de la luna") y juega a insuflarle vida. Libros que son un verdadero "Mito de los orígenes", donde a diferencia de la ciencia-ficción tradicional, que trata sobre el futuro, estos textos focalizan el supuesto y remoto pasado del origen del universo.

El protagonista de Las cosmicómicas, cuyo nombre exótico (carente de vocales) es Qfwfq, tiene la edad del universo. No hay acontecimiento de un millón o de un billón de años atrás al que no haya asistido. Galaxias y dinosaurios, sistemas solares y eras geológicas aparecen, basta una alusión para que Qfwfq, que no es un personaje, sino una voz, un ojo amigo de lo humano, un punto de vista se ponga a contar. Hay también, en estos libros, una potencia poética que carece de solemnidad, y cuyo objetivo es transformar la afirmación científica en hipótesis literaria. Cambio en el registro de la narración que se vuelve deliberadamente ingenuo con un efecto de humor suplementario.

En Las ciudades invisibles, Calvino combina las noticias del mundo que el Gran Kan recibe de los relatos del visionario Marco Polo. Estas ciudades de nombres femeninos son el eco anticipado de otro relato, donde sus ciudades son como el recuerdo indescriptible de otras ciudades desconocidas. Sin embargo éstas nos recuerdan los sueños de Las Mil y una Noches, aunque poco a poco el repertorio cambia y el lector se encuentra en medio de una megalópolis contemporánea o utópica.

Si los personajes y los argumentos de los relatos reunidos en Nuestros antepasados muestran el talento de Calvino para la creación fantástica, y si sus primeros textos constituyen piezas maestras de la literatura neorrealista, el distanciamiento irónico, la cultura humanística, la imaginación poética y la exploración audaz de nuevas técnicas capaces de subvertir la ortodoxia del relato, culminó en Palomar, última novela aparecida antes de su fallecimiento. Palomar: hombre adusto, introvertido, protagonista cuyo nombre evoca al famoso observatorio astronómico, emprende su camino en busca de la sabiduría mediante la prolongada observación de realidades. La exploración de la naturaleza, los espacios siderales, en definitiva la exploración de su propia geografía interior. Palomar relato y meditación sobre los temas fundamentales: la relación entre el mundo y el yo, la muerte, el tiempo y la condición humana. Pero el núcleo más avanzado de la obra de Calvino, libros narrativos como Tiempo Cero, Si una noche de invierno un viajero, El castillo de los destinos cruzados, o la ya memorable Seis propuestas para el próximo milenio (ensayos que constituyen una verdadera "axiología literaria") ha sido inspirado en lo esencial por J.L.Borges. Así lo expresa el crítico Roberto Paoli, en su artículo "Borges e I. Calvino": “El modelo de la multiplicidad laberíntica dentro de una visión de gran lucidez intelectual ha permitido a Calvino conjugar la lección de Borges con la de Valéry y la del "Oulipo" (*), y al mismo tiempo, con los métodos semiológicos. Entre los autores italianos influenciados por Borges (Eco, Sciascia, Tabucchi) Calvino descuella por haber producido los resultados más logrados y originales".

Las primeras apreciaciones de Borges, pueden leerse en el volumen Punto y aparte. Ensayos sobre literatura y sociedad, en especial en el ensayo titulado: "Cibernética y fantasmas”, cuyo subtítulo, "Apuntes sobre la narrativa como proceso combinatorio", es revelador acerca de la postura madurada por Calvino en relación con el símbolo del laberinto borgeano.

El cuento de Borges El jardín de senderos que se bifurcan es repetidamente citado por Calvino, quien habla de una "red creciente y vertiginosa de tiempos divergentes, convergentes y paralelos" (¿Internet?). Este influjo de Borges es llevado al máximo, en las dos más atrevidas novelas de Calvino: la hipernovela Si una noche de invierno un viajero, y El castillo de los destinos cruzados. Este último texto ha nacido bajo el signo de la multiplicidad borgeana, y muestra la trama de los posibles narrativos. La idea es utilizar las cartas del Tarot (El Visconti, para El Castillo de los destinos cruzados. Y el de Marsella -más popular-, para La Taberna de los destinos cruzados) como una máquina narrativa combinatoria. El juego de Calvino consiste en una suerte de crucigrama hecho no de letras sino de las figuras de una baraja, de manera que toda secuencia puede leerse en sentido vertical y horizontal, como escenas sucesivas y simultáneas de un relato pictográfico. Lo interesante consiste en otorgar a la baraja un valor "jeroglífico". Los naipes en efecto, son signos polivalentes, y cada historia varía según el camino que se tome en cada bifurcación: cada carta varía de significado según el orden que se siga. La sintaxis modifica la semántica. Toda historia se cruza con las demás y el juego combinatorio da vida a infinitas y diversas narraciones. Es como si Calvino se preguntara a través de estos textos: ¿hay método en el azar? El Castillo de los destinos cruzados, nació en pleno auge de la semiótica. Sus narraciones son reflexiones sobre la relación entre lectura y escritura, y demuestran que Calvino acompañó con su creación el trabajo de investigación de Barthes, Todorov y Greimas. De ahí que Calvino insista en la multiplicidad de las direcciones del sentido, la idea sugerida de El jardín de senderos que se bifurcan, es decir que de todo instante sale un haz infinito de líneas divergentes.

En cuanto a Si una noche de invierno un viajero es en realidad una proposición irrepetible, un juego con el lector que es a la vez experimento y resultado, búsqueda y hallazgo, aventura y final de la aventura. Diez historias distintas, cada una con su estilo propio, sus diferentes protagonistas y su autor son desarrolladas hasta el punto culminante de su intriga y luego se imbrican quedando en suspenso. El enigma hacia el que apuntan no es otro que el del perfecto lector: ¿el lector modelo de Borges, o el lector in fábula de Eco?


Ítalo Calvino dejó sin escribir el sexto y último texto de una serie de conferencias para la Universidad de Harvard, Cambridge, en Massachusetts. Las cinco anteriores, redactadas en l985, poco antes de morir (1985), son reflexiones sobre los valores cualidades o especificidades de la literatura que deberían conservarse en el próximo milenio. Calvino dejó este libro sin título en italiano. Tuvo que pensar primero el título inglés, Six Memos for the Next Millennium (Seis Propuestas para el Próximo Milenio), y éste fue el definitivo y su obra póstuma. Citada, comentada y analizada por innumerables pensadores y escritores de todo el mundo, especialmente en el año 2000, con la llegada del nuevo milenio. “Casualmente”, la última conferencia del genial proyecto iba a tratar de la Consistencia, como continuación de las otras cinco tituladas y publicadas en este orden: Levedad, Rapidez, Exactitud, Visibilidad y Multiplicidad. Propiedades que según el autor italiano corresponden a homónimos valores de la literatura, la ciencia y el arte. Sabemos que uno de los textos claves en que Calvino iba a basarse, para armar su sexta e inconclusa propuesta (Consistencia), era el magnífico relato de Herman Melville, Bartleby, el escribiente. La nada del narrador apresado en su propio relato, la nada consistente del ausente, e inmortal, Bartleby. Nuestra nada humana y absoluta, y literariamente recreada y consistente. Tal vez la más nítida consistencia de Calvino sea no haber escrito La consistencia. Habérnosla delicadamente impuesto a través de Bartleby que "preferiría no hacerlo", de su lamentable muerte y de su propia, siempre inaugural y póstuma, obra literaria.

Entonces, ¿Por qué leer a Ítalo Calvino? Quizás la respuesta más pertinente a la pregunta que da título a este artículo, se encuentre en algunas de las definiciones que el mismo Calvino formuló a propósito de lo que justificaría la lectura de los clásicos, en su ya “clásico” libro Por qué leer los clásicos:

Los clásicos son esos libros de los cuales se suele oír decir: "Estoy releyendo. Y nunca estoy leyendo".
Un clásico es un libro que nunca termina de decir lo que tiene que decir.
Es clásico lo que persiste como ruido de fondo incluso allí donde la actualidad más incompatible se impone.
Los clásicos son los libros en los que nos buscamos y siempre nos reconocemos.
Un clásico es una obra que suscita un incesante polvillo de discursos críticos, pero que la obra se sacude continuamente de encima.

"...Y si alguien objeta que no vale la pena tanto esfuerzo, conviene citar a Cioran:

Mientras le preparaban la cicuta, Sócrates aprendía un aria para flauta.

- "¿Para qué te va a servir?", le preguntaron
- "Para saberla antes de morir".




(*) Acrónimo de OUVROIR de LITTÉRATURE POTENTIELLE, que se traduce como “Taller de Literatura Potencial”. Grupo constituido principalmente por escritores y matemáticos, que busca crear obras usando técnicas de escritura limitada. Fue fundado en París en Noviembre de 1960 por Raymond Queneau y Francois Lelionnais. El OULIPO a través de la unión de las matemáticas y la literatura, rescata conceptos como: restricción (es decir, imponer una limitación formal que obliga a desarrollar salidas creativas alternativas), semántica, fonética, combinatoria, algoritmo, fractal… Se importarán de las matemáticas para aplicarse sobre el material propio de la literatura: las palabras. Y en este proceso irán encontrando las posibilidades de la lengua y las potencialidades de la literatura. El OULIPO no establece una normativa artística, sólo ofrece un procedimiento de creación. Entre muchos, miembros del OULIPO fueron: Marcel Duchamp, Georges Perec, Jacques Roubaud, Raymond Queneau e Ítalo Calvino.

 
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