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Sobre las tomas de escuelas secundarias
y facultades en la Ciudad de Buenos Aires en septiembre-octubre 2010
(síntesis de la entrevista realizada por Miguel García Urbani, Radio Nihuil, 17-09-2010, con agregados posteriores)
Por Yago Franco
yagofranco@elpsicoanalitico.com.ar
 

Hay muchas escuelas secundarias (donde asisten jóvenes de entre 13 y 18 años) y facultades tomadas por sus estudiantes en la ciudad de Bs. As. en estos días, motivadas por el deplorable y peligroso estado de muchos de sus edificios. Anoche hubo una multitudinaria marcha (la más numerosa en muchos años) en recuerdo de La noche de los lápices [1], que confluyó en una fuerte defensa de la educación pública.

En diálogo con estudiantes recojo lo siguiente: es necesario resaltar que este movimiento surge en las escuelas secundarias y que se contagia a las facultades. Movimiento espontáneo, con una gran toma de consciencia por parte de los jóvenes, que además se muestran conmocionados por el apoyo que reciben desde distintos puntos del país. Y se están sobreponiendo a la presión de buena parte de los medios, que – como siempre ha ocurrido – demonizan cualquier movimiento estudiantil. Otra característica es que esto supera y trasciende el accionar de las organizaciones políticas estudiantiles tradicionales. Incluso rompe con la encerrona de estar a favor o en contra del gobierno nacional. Se observa sorpresa en los mismos jóvenes por lo que ocurre, que es una verdadera novedad. Eso es lo primero a resaltar: hay algo nuevo, que es percibido de ese modo, además, por los propios actores.

El psicoanálisis ofrece algunas herramientas para intentar el análisis de lo que ocurre. De una parte de lo que ocurre, ya que el psicoanálisis no agota la posibilidad de análisis – se ocupa solamente de una parte de lo que existe -, pero pienso que su aporte merece ser considerado. En este caso, sería considerar cómo se explica la historia desde el psicoanálisis. La historia y la sociedad. En Freud hay un esquema que indica que lo que no se recuerda, se repite. En la Vulgata tiene que ver con eso que se sostiene como que los pueblos que no recuerdan su historia, están condenados a repetirla.

Este es – hoy – un esquema pobre, ya no nos alcanza, explica solamente una parte. Es importante pero es una parte pequeña. Lo que no se recuerda se va a repetir: tendríamos que hacer una diferencia entre recordar e historizar, que es un nivel – por así decirlo – más alto, del recordar. Y por otra parte sabemos que historizar no es una garantía de que las cosas no se repitan. Podemos pasarnos escribiendo la historia, y sin embargo, no es garantía de no repetición. Lo que sí puede serlo, es la aparición de la novedad, de la creación en la historia, en la historia y en la sociedad. Es decir: en lo histórico-social. Porque eso hace que surja la idea de futuro. Solo habrá historia, historización, diremos entonces, si surge la idea de futuro, que va de la mano de la creación de proyectos. Eso nos quita de un presente eternizado que puede ser un eco de un pasado no reconocido como tal. Paradojas del psiquismo humano y de la sociedad: el pasado surge como tal cuando se hace presente el futuro. Y ese futuro puede hacer su aparición cuando aparece algo nuevo. Algo nuevo en la historia y en la sociedad. Pero claro, no se trata de la novedad por la novedad misma, ya que por ejemplo, el nazismo fue algo nuevo. Se trata, en el caso que nos interesa, de la creación colectiva de un nuevo proyecto para la sociedad, ligado a ideas como democracia, libertad, autonomía, justicia.

Una estudiante universitaria me comentaba en estos días el nivel de sorpresa generalizado ante el compromiso también generalizado que se produce en las tomas de los edificios. Y la sorpresa también ante el hecho de que esto haya nacido en las escuelas. “Lo que pasa es que es una generación nueva” me decía, aceptando que en la suya propia esto no hubiera sido posible: sin embargo – subrayo – hay contagio. Y en las tomas no hay un clima de joda, sino de compromiso, debate. Están en una intensa actividad reflexiva y de práctica.

Yo arriesgaría a decir que tal vez se esté saliendo del trauma social ocurrido en Argentina hace casi 35 años. A lo mejor esto nuevo es una señal de estar saliendo de eso.
Seguramente han ayudado las transmisiones intergeneracionales, el trabajo en las escuelas, ciertas acciones desde el gobierno nacional, el Juicio a las Juntas … en algún momento han precipitado y surge algo nuevo. Sobre los restos de lo ocurrido hace casi 35 años, tal vez se esté construyendo algo nuevo, que retome creativamente una parte de lo que intentó en esa ocasión la juventud de entonces.

En Argentina ha habido una secuencia notable de traumatismos y catástrofes sociales: el terrorismo de estado iniciado en 1976 será seguido de otro disciplinamiento social mediante la hiperinflación de 1989, y antes sufrimos lo traumático de la Guerra de Malvinas; ocurrirá a fines de 2001 el derrumbe del soborno de la década del 90 con la convertibilidad (1 dólar equivalía a 1 peso), que despolitizó en buena medida el campo social. Y es ahí donde encontramos tal vez gérmenes de lo que ocurre hoy en las escuelas y facultades. El germen o virus de autonomía que se plasmó entonces en las asambleas que se dieron en todo el país, antecedidas de los movimientos de desocupados, las fábricas recuperadas por los trabajadores, y antes en los movimientos de derechos humanos; y en estos últimos tiempos por las asambleas socio-ambientales.

Puede que se esté plasmando una apropiación de lo que estos movimientos novedosos señalan: autoorganización, autonomía, ejercicio de la democracia al interior de los movimientos, mirada crítica sobre el régimen socio-político general y la forma de gobierno en particular, y también sobre las formas históricas de llegar al poder: partidos políticos. Entonces, este accionar deliberado, puede estar permitiendo salir de la sola rememoración (que ha sido valiosa hasta un momento) - que hoy se está continuando en los juicios que buscan castigo a los culpables del genocidio ocurrido en Argentina -, para pasar nuevamente a la posibilidad de pensar en un proyecto para la sociedad. Proyecto que instala entonces la temporalidad: hay pasado porque - como decía antes – puede haber futuro a partir del surgimiento de un proyecto. Y si hay futuro (para todos los postergados, excluidos, etc., lo que implica que lo habrá para todos) están abiertas las posibilidades para la emergencia de aquello que en psicoanálisis llamamos deseo, que instala lo que André Green llama dialéctica de la esperanza. En nuestro caso, implica pasar de la necesaria rememoración, al proyecto. Volvemos así a través de estos movimientos de los jóvenes a las profundidades de la psique humana, anudadas a lo colectivo. Pero esa es otra historia.

 

 
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Notas
 
[1] La denominada Noche de los lápices fue una serie de secuestros de estudiantes de escuela secundaria (10), ocurridos durante la noche del 16-09-1976 y días posteriores enla ciudad de La Plata (Argentina). Los estudiantes estaban luchando por la implantación del boleto estudiantil (pasaje gratuito en los medios de transporte). Cuatro de los estudiantes sobrevivieron a las torturas y desaparición.
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