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Una tal Laura Gutman ha publicado un “texto” en su página web: La sistematización del abuso sexual sobre los niños, dirigido al público en general. La autora/protagonista escribe frases que son la muestra de un cinismo pocas veces advertido en alguien que dice pertenecer al llamado campo psi, afirmaciones que no le van en zaga a las cínicas declaraciones del psicólogo abusador, pedófilo, Jorge Corsi y que son, finalmente, un intento de confundir a su público a través de una defensa del abuso sexual cometido contra niños. Pero, atención: la autora dice haber sido abusada y lo sostiene como justificación de haber ella misma cometido abuso sobre los niños. Laura Gutman es, además, astróloga; dice dirigir una escuela dedicada a formar terapeutas en lo que denomina construcción de la biografía humana. En ese lugar ella elige “de modo subjetivo”, según dice sin explicar lo que eso es, a los discípulos que podrán practicar dicha terapéutica. Asimismo, declara que la formación también puede ser realizada on line. Es una figura mediática a juzgar por lo que está expuesto en su página: ha sido entrevistada por diversos periodistas argentinos (Rolando Graña, Víctor Hugo Morales) y ha publicado diversos libros, en varios idiomas.


Recorramos, brevemente, algunos de sus dichos:

Somos personas como casi todos, un poco más hambrientos y un poco más torpes”. Esto no es verdad: un abusador no es alguien que sencillamente es más hambriento o torpe. Un perverso (que eso es un abusador) es alguien dueño de un afán de hacer descender al otro a la categoría de objeto, o sea, de desubjetivarlo, de herirlo en su dignidad de sujeto. Mediante la operación perversa el otro es sometido para satisfacer un sadismo ilimitado que la mayor parte de los sujetos ha sublimado y transformado.

“Los adultos nos enamoramos de un niño necesitado, solo, desamparado y que nos inspira ternura”. Mentira: los adultos no se enamoran de un niño por ninguna causa. Pueden sentir ternura, deseo de protegerlo, si lo ven desamparado. Y un adulto perverso nunca se enamora porque, justamente, está inhabilitado para la ternura [1]. “El problema es que somos totalmente inmaduros. Porque no fuimos amados durante nuestra niñez, ni cuidados, ni protegidos ni amparados”. Falso: los psicoanalistas hemos recibido desde siempre en la consulta a sujetos que no fueron amados, ni cuidados ni protegidos, y que no por ello han devenido en perversos. Esto es así porque siempre hay una ecuación personal, una responsabilidad del sujeto: los estragos sufridos en la niñez podrían -a lo sumo- ser una causa necesaria, pero nunca suficiente para el advenimiento de un pedófilo.

“¿Pero acaso no nos damos cuenta que estamos haciendo algo malo?” dice, para luego sostener que se puede “percibir que es una relación socialmente condenable”. Pero resulta que el perverso sabe lo que hace, desafía la ley, y eso causa su goce: goza transgrediendo la ley.   Finaliza admitiendo que las “consecuencias (del abuso) son nefastas” pero que “Sin embargo es preciso que comprendamos las dinámicas completas con la lógica que las sostiene, si nos interesa abandonar las instancias cotidianas de dominación. Porque rasgarnos las vestiduras proclamando que el abuso sexual es algo horrible e inhumano y que todos los violadores tienen que ir a la cárcel, está muy bien pero no sirve para nada”. De las que llama dinámicas completas (sic) y la lógica que las sostiene, nada dice, aunque debería saber que hay una extensa bibliografía psicoanalítica al respecto. Tal vez en su Escuela ilumine a sus discípulos con sus conceptualizaciones acerca de la cuestión. Pero lo dudamos: la página parece ser la página de una secta ya que no tiene alumnos sino discípulos, elegidos por un obscuro mecanismo para advenir a un grado superior. Este dispositivo mantiene a su ejecutora  en dueña de oscuras y riesgosas dependencias. En este sentido, no llama la atención que la tal Laura Gutman escriba algo que produzca miedo y desesperanza en los que alguna vez tuvieron la desgracia de ser abusados. Es típico de un grupo de riesgo el instilar terror para luego ofrecer la salvación [2]. Así, podría ser que la tal Gutman buscara como nuevo target de su grupo a los que han padecido ASI (Abuso Sexual Infantil). Sus afirmaciones deterministas, en cuanto al futuro de perversión que les augura, son temerarias e irresponsables.

Queremos que esta declaración condene este proceder y alivie a las víctimas de un sufrimiento que la tal Gutman les suma; insistimos: el trauma -cualquiera sea, incluido el del ASI- no determina ningún destino prefijado al que lo padece. Desde luego, someter a otros mediante abuso sexual o mediante la sujeción en un grupo de riesgo parece haber sido la elección subjetiva de la astróloga Gutman. Su defensa del colecho –realizada en sus “escritos” y entrevistas- adquiere ahora otro valor, se resignifica, a la luz de este elogio de la pedofilia.

Por supuesto que la pregunta que queda flotando es el por qué del éxito mediático: por qué es entrevistada por periodistas que no pueden ser tomados por ingenuos, publica libros que se venden exitosamente… Lo cierto es que es necesario, hoy por hoy, hacer del desenmascaramiento de sujetos como Laura Gutman una causa para los psicoanalistas: desenmascarar a estos sujetos que viven del desvalimiento ajeno, que abusan de sus seguidores, puestos ya en posición infantil por tanto desamparo social y simbólico [3].



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Notas
 
[1] Ver Ternura en “Fernando Ulloa revisitado, Segunda Parte”, por Luciana Chairo y Leonel Sicardi y en “Duerman tranquilos: aquí no ha pasado nada”, por María Cristina Oleaga.
[2] Ver varios artículos referidos a los grupos de riesgo.
[3] Ver “Más allá del malestar en la Cultura. (Eros y Thánatos en la cultura)”, por Yago Franco.
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