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Apego, Colecho e Incesto: hacia la mamiferidad
Por María Cristina Oleaga y Yago Franco
mcoleaga@elpsicoanalitico.com.ar
yagofranco@elpsicoanalitico.com.ar
Miembros del staff de www.elpsicoanalitico.com.ar
 

En un artículo periodístico aparecido en el diario La Nación [1] pueden leerse declaraciones de esas personas que son llamadas famosas, quienes dan testimonio de la llamada crianza natural o con apego, la cual incluye el colecho. La cuestión sería absolutamente banal y para nada justificaría el trabajo de escribir algo sobre ella. Pero, quien lo lea con una mínima atención, podrá observar que dicho artículo “baja línea” sobre estos temas, amparándose en testimonios de sujetos que, hoy por hoy y mal que nos pese, son modelos identificatorios. Pretenden transmitir un modo de crianza, un modo de intervención en un momento crucial e inaugural de la subjetividad, como lo es el del encuentro entre el bebé y su madre.

Este modo no sólo implica un notable retroceso respecto de saberes y prácticas que han incidido positivamente en la subjetivación de los infantes, sino que se ubica en el límite de una prohibición fundamental –como lo es la del incesto- y, por si poco fuera, todo esto aparece disfrazado y oculto entre los pliegues de una moda que no posee mayor apoyo científico.

Veamos algunas de las frases volcadas en el texto.  Para comenzar, en el encabezamiento del artículo se sostiene que la llamada crianza con apego –con el colecho y la lactancia prolongada como cuestiones centrales- es “un movimiento que cada día tiene más seguidores”. Que esta práctica “lleva a un sólido vínculo emocional entre los padres y el niño y, por eso, a un futuro adulto más libre y seguro de sí”.  Consiste en “la lactancia prolongada, compartir el lecho a la hora de dormir con el bebé, llevarlos contra el cuerpo a upa todo lo posible y no dejarlos llorar respondiendo siempre a sus necesidades afectivas”.

Como “detractor” se cita a Marcelo Tinelli, quien habla de “la secta del colecho”. Hábil modo de descalificar todo cuestionamiento de dicha práctica, dado el cariz del opinador. Todo está revestido con un barniz de humor y de intrascendencia, minimizado.

“Yo llegué a eso por instinto –dice una de las entrevistadas- Me dejé llevar por la parte animal que nos aflora a las madres al parir” (…)  “Todos los mamíferos duermen con sus crías. Cuando empecé a investigar un poco y me dí cuenta de que lo que sentíamos encima lo avalaba una teoría que me cerraba, lo hice aún más tranquila" (…) “¡Le estoy ahorrando años de terapia a mi hija!”. La nota menciona también que hay “pediatras que recomiendan colechar”, aunque no da nombres.

Es imposible sostener cuánto debe durar la lactancia y, aunque es deseable que fuera natural, es imprescindible que la madre se sienta bien con esa práctica. Mucho se ha hablado acerca de que una mamadera dada por una madre apacible es preferible al amamantamiento  de una madre angustiada. Justamente porque somos mamíferos alocados por la cultura, ni la lactancia ni nada de lo que nos concierne es natural. La angustia del bebé en muchos casos denuncia la incomodidad materna. Lo ideal puede ser, de este modo, enemigo de lo bueno. El caso por caso es lo que importa y, en este sentido, todo lo que promueva generalización y modelos, sobre todo los que vienen de famosos, no hace más que generar la culpa en los que no pueden estar a la altura.

La nota, desde el comienzo, hace gala de un total desconocimiento de lo sostenido por Freud y refrendado por la práctica del Psicoanálisis durante el último siglo en lo atinente a la asimetría fundamental entre la cría humana y el adulto. Éste imprime su marca, como sujeto sexuado y afectado de Inconsciente, en la crianza, en los cuidados del infans, y –en este movimiento- da lugar a la pulsión, parcial, autoerótica, despegada así de la necesidad. La ternura, concepto que podemos tomar de Ulloa, que nos habla del ejercicio sublimado del erotismo materno, no es lo mismo que el concepto del apego, desarrollado por Bowlby hace décadas, y que este movimiento, además, aprovecha y tergiversa. 

Este encuentro disimétrico entre madre e infans es necesario, así como lo es la existencia de una locura materna que, en su exclusividad, lo humaniza. Sin embargo, este movimiento clave, esta alienación, se completa de modo indispensable con la separación, producto de la prohibición de reintegrar su producto que tiene el adulto asistente. Es decir, le está prohibido gozar del infans, ubicarlo en un lugar de objeto como sucede en el caso del abuso sexual infantil.

Una de las propulsoras del colecho –tal vez la más conocida y mediática- es la astróloga Laura Gutman, a quien recientemente nos hemos referido en relación con un texto sobre el abuso infantil, [2]  texto que posteriormente fuera bajado  de su página web. En el sitio, Gutman se refiere al apego del siguiente modo:

“No vale la pena estudiar la teoría del apego. Es evidente que todo niño humano nace de un vientre materno y anhelará permanecer en un territorio similar. Esto es intrínseco a todas las especies de mamíferos. El verdadero problema es que las madres humanas -quienes hemos sido criadas en el vacío afectivo- hemos anestesiado en el pasado nuestras necesidades afectivas para no sufrir, distorsionando ahora nuestro instinto espontáneo de apego hacia la criatura recién nacida. Ese es -desde mi punto de vista- el verdadero desastre de nuestra civilización.” [3]

Lo evidente es, para  Gutman, la atribución de anhelos que ella hace al niño humano, al que supone ya allí antes de la constitución de la dupla materno infantil y del mismo proceso de humanización que describíamos previamente. Es que nos supone un ser natural, como todas las especies de mamíferos. Lo que también es asombroso es que todas las madres humanas hayamos sido creadas en el vacío afectivo. Podríamos coincidir, sin embargo, en que la pérdida de la condición de animales, guiados exclusivamente por el instinto de conservación, es el desastre de la civilización, es su efecto perturbador. También lo son las obras de arte que supimos conseguir al perder esa condición. El problema surge cuando la astróloga Gutman pretende devolvernos a nuestra perdida animalidad y, para ello, nos mueve, vía la prédica de los famosos, a colechar y a disfrutar de la indiscriminación con el bebé. Ya la crianza de los niños había sido complicada y afectada negativamente por otros gurúes, como el lamentable Dr. Spock. Éste  alentó la permisividad en un grado tal que los niños, cuyos padres lo siguieron, sufrieron efectos de cuasi abandono por falta de límites. En la época del reinado del mercado siempre aparecen nuevos gurúes, o sea, nuevos negocios.

Las aseveraciones del texto –las peligrosas aseveraciones del texto citado y de la astróloga Gutman- debieran ser denunciadas como lo que son: un intento de ingerencia en el modo de subjetivación que puede llevar a los niños a quedar apresados indefinidamente en una asimetría alienante, degradados a la condición de objetos. ¿A quién puede beneficiar este desaguisado que cuenta hoy con tanta prensa? Pues bien, hay que decirlo con todas las letras: al Dios Mercado. Transformados todos, de este modo, en dóciles consumidores de lo que el poder económico les ofrezca, tal como las madres de la nota que hemos mencionado. Ellas han quedado ubicadas en la cadena de producción de alienación.

La cadena no termina allí. Hay una proliferación de libros sobre el tema del apego y el colecho; hay grupos que acompañan durante el embarazo a madres deseosas de colechar; hay también grupos de futuras madres que, con la coordinación de obstétricas, se preparan para el parto domiciliario, antesala del apego y el colecho y puerta de entrada ¿por qué no? a la mamiferidad.

Podríamos, con conocimiento de causa, incluir a otros invitados a la mesa del Dios Mercado: los especialistas dispuestos a recibir mañana a los niños innecesariamente erotizados por estas experiencias francamente intrusivas y los laboratorios que venderán los fármacos destinados a contener los efectos disruptivos del apego.



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Notas
 
[1] Las famosas que siguen el colecho, una práctica que trae polémica, Diario La Nación, 10-11-2014.
[2] Franco,Yago y Oleaga, María Cristina, Elogio de la pedofilia.
[3] http://www.lauragutman.com.ar/el-instinto-de-apego-hacia-la-criatura/
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